☣ Capítulo 15 ☣

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Victoria Onisse

Faltaban tres días para la fiesta en casa de Cristina, dentro de poco vería nuevamente a mis amigos... bueno, a mis otros amigos, ya que -aunque sonara extremadamente raro- ahora tenía amigos aparte de ella y de Elián.

Entré en la escuela con una sonrisa extraña en el rostro y lo primero que vi fue a Leo, Brian, Derek y Adam hablando animadamente con Rodrigo y Evan... bien, aparentemente se habían reconciliado. ¿Ahora qué pasaba conmigo? ¿Volverían a ser los patanes de antes o seguirían siendo los chicos geniales que apenas comenzaba a conocer? Decidí que no quería averiguarlo, no tan pronto, por lo que me limité a pasar junto a ellos sin decir una sola palabra. Una fuerte mano se cerró en mi hombro con firmeza, pero sin lastimarme. Me detuve en seco sin saber cómo reaccionar sobre esto.

– ¿Ni siquiera un hola, fierecilla? –era Leo y me sorprendí a mí misma cuando suspiré de alivio. ¿Desde cuándo me sentía tranquila con él al lado? Me giré para verlo a la cara y pude notar su expresión preocupada. Mi corazón se encogió ligeramente, ¿yo lo estaba haciendo sentir mal con mi indiferencia?

–Lo siento, hola. Los vi tan ocupados que no quise interrumpir. Me alegro de que hayan arreglado sus diferencias. –le sonreí y él apartó la mirada, nervioso, hacia sus amigos, quienes nos observaban con atención.

–Sí, bueno, tú ayudaste a que Derek y yo nos arregláramos así que Rodrigo y Evan quisieron hacerlo también. Llevábamos varios días sin hablarnos, es agradable volver a hacerlo. –parece feliz y de repente yo me siento igual. Me hace feliz ver a mis amigos felices.

–Me alegro por ustedes. Bueno, iré a clase. –Leo hace una mueca extraña con la que no logro identificar cuáles son sus pensamientos.

–Te acompaño. –no, no quiero. Quiero estar sola para pensar sobre lo que sucederá de ahora en adelante. ¿Qué pasará entre nosotros ahora que Rodrigo y Evan se unen a nosotros... no, con el hecho de que yo me haya unido a ellos?, porque la intrusa en esta ecuación soy yo.

–Está bien. – ¡Piensa antes de hablar, Victoria! Genial. Leo ni se molesta en despedirse de sus amigos y yo me siento repentinamente incomoda como para tratar de saludar a Brian y a los demás, por lo que tampoco volteo para verlos. Comenzamos a caminar y no pasan ni treinta segundos cuando Leo comienza a hablar.

–Dime qué pasa, fierecilla. Algo te está molestado, ¿qué es? –su tono me dice que no aceptará una evasiva y mucho menos una mentira. Trago saliva y dejo escapar un sonoro suspiro.

–Me siento extraña con todo esto. Ustedes y yo juntos es demasiado para mi cabeza. –me arriesgo a mirarlo disimuladamente para observar su expresión y me encuentro con que él me observa desconcertado y algo dolido.

–Creí que ya te habías acostumbrado a nosotros. Dijiste que nos perdonabas, ¿mentiste? –

– ¡No! –prácticamente grité, pero no me importó. Ignoré las miradas curiosas que se dirigieron a nosotros y me apresuré a explicarle al musculoso chico a mi lado –Los perdoné y realmente creo que ustedes están arrepentidos de lo que sucedió. –

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!