Capítulo 2

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PETER

La pintura fresca y el olor a polvo de yeso me hicieron pensar en mi padre, no la escuela. Sin embargo, ese olor me dio una bofetada   en   la   cara   cuando   entré   en   la   oficina   recién remodelada. Con libros en mano, me paseé hasta el mostrador.

—Sip, Sra. Marcos.

—Peter, ¿por qué llegas tarde otra vez, muchacho? —dijo mientras ponía los papeles juntos.

El reloj en la pared marcaba las nueve de la mañana.

—Demonios, esto es temprano.

La Sra. Marcos rodeó su nueva mesa de cerezo a mi encuentro en el mostrador. Me da una mierda cuando llego tarde, pero todavía me gustaba. Con su largo cabello castaño, me recordaba a una versión hispana de mi madre.

—Perdiste tu cita con la Sra. Collins esta mañana. No es una buena manera de empezar el segundo término —susurró mientras escribía mi nota de tardanza. Inclinó la cabeza hacia los tres adultos que se agrupaban en la esquina de la habitación. Supuse que la mujer rubia de mediana edad susurrando a la pareja de ricos era la nueva consejera de orientación.

Me encogí de hombros y dejé que el lado derecho de mi boca temblara. —Ups.

La Sra. Marcos deslizó la nota de tardanza hasta mí y me dio su mirada severa patentada. Era la única persona en esta escuela que no creía que yo y mi futuro valíamos una completa mierda.

La rubia de mediana edad gritó—: Sr. Lanzani, estoy muy contenta de que recordara nuestra cita, incluso si está retrasado. Estoy segura de que no le importará tomar asiento mientras termino un par de cosas. —Me sonrió como si fuéramos viejos amigos y habló tan dulcemente, que por un momento, casi le devolví la sonrisa. En cambio, asentí con la cabeza y me senté en una de las sillas recostadas contra la pared de la oficina.
La Sra. Marcos se echó a reír.

—¿Qué?

—No va a aguantar tu actitud. Tal vez pueda convencerte de tomar la escuela en serio.

Apoyé la cabeza contra la pared de pintados bloques de cemento y cerré los ojos, necesitando dormir unas horas más. Ya que faltaba una persona para el cierre, el restaurante no me había dejado ir hasta después de la medianoche, y luego Rocío y Nicolás me mantuvieron despiertos toda la noche.

—¿Sra. Marcos? —preguntó una voz angelical—. ¿Puede por favor decirme las próximas fechas para el ACT y el SAT?

El teléfono timbró.

—Espere un segundo—dijo la Sra. Marcos.

Entonces el timbre cesó. Una silla más allá de mí se movió y mi boca se llenó del aroma a rollos calientes de canela. Di un vistazo y percibí el color rojo, cabellos sedoso y rizado. La conocía. Lali Espósito.

Ningún rollo de canela a la vista, pero maldita sea si no huele como tal. Teníamos varias de nuestras clases juntos y el último semestre uno de nuestros periodos libres. No sabía mucho de ella más de lo que mantenía para sí misma, que era inteligente, pelirroja y tenía grandes tetas. Llevaba grandes  camisas  de  mangas  largas  que  colgaban  de  sus  hombros  y debajo camietas sin mangas que revelaban justo lo suficiente para que las fantasías fluyeran.

Como siempre, miraba fijamente hacia delante como si yo no existiera.  Diablos,  probablemente  no  existía  en  su  mente.  Las  personas como Lali Espósito me irritaban como la mierda.

—Tienes un nombre jodido —murmuré. No sé por qué quería confundirla, simplemente lo hice.

—¿No deberías estar drogándote en el baño?
Así   que  me   conocía. 

Empujando Los Límites (Adaptación Laliter)¡Lee esta historia GRATIS!