Capítulo 12.

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Cerca del mediodía, Jen buscó a Emmie en los jardines. La joven se encontraba recostada sobre una manta intentando aliviar su malestar, esa ansiedad que no podía calmar.

Joseph quería verla en su despacho, y al parecer era porque habían recibido una visita, pero la criada, a quien Emmie había interrogado sin piedad durante todo el camino, no había llegado a ver de quien se trataba.

Ella no estaba de humor para visitas de ningún tipo, habría estado feliz de ser llamada si fuese para tener una conversación a solas, pero no con alguien más.

De todas formas, estaba intrigada. ¿Por qué recibirían a una visita en el despacho? Así que se sacudió con rapidez la amplia falda del vestido amarillo que se había colocado ese día y se dirigió al estudio del Marqués.

Un lacayo abrió la puerta de par en par para que ella entrara y apenas vio quien estaba dentro se frenó en seco y sus ojos se ampliaron.

¿Qué rayos?

No pudo evitar hacer una mueca de disgusto y desagrado al ver quién era el visitante.

—Buenos días, mi querida Lady Emmeline. —Sonrió George con esa mirada siempre sugestiva, tomando su mano y llevándosela a los labios—. Encantadora como siempre.

Ella dio un paso al costado para ver a Joseph de pie, en su lado del escritorio.

—Ven, Emmeline. Pasa, por favor.

¿Pero cómo iba a hacer eso si el imbécil de Davenport no se movía? Cosa que notó, y enseguida se hizo a un lado con gesto cordial.

—¿Está todo bien, milord? —Preguntó tomando asiento y observando de soslayo como el otro hombre se sentaba en la silla de al lado.

—Bueno, no lo sé —respondió cansino—. Davenport aquí, quiere hablar con nosotros, ambos. Asumo que es para disculparse por su terrible comportamiento contigo anoche. —Lo fulminó.

George pareció encogerse ante esa mirada y Emmeline quiso soltar una carcajada. ¿Dónde estaba el hombre fuerte ahora?

—Sí, por eso. Lo siento, Emmeline. —Se giró y le sujetó una mano—. Espero que puedas aceptar mis disculpas, creí que era lo que querías, al menos eso era lo que parecía. Lo siento mucho. De verdad. Pero espero poder recompensarte, he venido a arreglarlo todo.

¿Recompensarla? La única recompensa válida sería que dejase de hablarle y mirarla.

Se giró hacia Joseph quien seguía mostrándose tan ignorante como ella.

Davenport se enderezó en la silla y continuó hablando. —Sé que esta no es la forma más usual de hacer las cosas, pero con lo que ha ocurrido recientemente, Lord Thornehill, creo que esta es la forma más apropiada de proceder. Estoy aquí para solicitar la mano de Lady Emmeline.

Emmie se quedó sin aliento.

—¿Qué? —Chilló sin contenerlo.

Joseph seguía calmo y en silencio. Su rostro no tenía expresión alguna, continuaba imperturbable.

Emmeline quiso golpearlo, pero esperó a que él dijese algo primero. Pasaron varios segundos hasta que por fin un asomo de sonrisa apareció en su rostro. Parecía burlona si cabía.

—No tengo el poder para otorgarte tal cosa, Davenport.

La expresión de satisfacción de George desapareció y ensombreció. Emmie no sabía si estar aliviada o decepcionada, eso no era lo que esperaba que dijera.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!