Capítulo 55

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-No me quiero marchar -dije abrazándome a él mientras estábamos echados.

-Ni yo que te vayas -dijo pasando su brazo por debajo de mí y correspondiendo el abrazo.

-¿Cuándo nos volveremos a ver? No quiero dejar de verte.

-No lo sé. Yo tampoco, pero tienes que volver con tus padres, y yo quedarme aquí.

Solté una lágrima solo de imaginarlo. Mi vida sin Louis, sería como si no fuera vida.

-No llores boba -dijo él secándome la lágrima.

-Pero ¿cuándo nos podremos ver? Son tres horas de viaje, no se puede hacer cada día, ni siquiera cada semana. Y milagro sería que me dejaran una vez al mes. Y si ya se me hace corto verte cada día, no te imaginas un mes. Me niego.

-A mí tampoco me hace gracia -suspiró.

-¿Qué haremos?

-Marchemos ya anda -dijo para cambiar de tema, y nos dirigimos al coche.

En él, pusimos la radio. Pero no era como antes, ahora no cantábamos, ni sonreíamos, solo estábamos serios, y no nos dijimos nada el uno al otro. No nos dirigimos en ningún momento la palabra, cada uno iba en sumergido en sus pensamientos.

Cuando por fin llegamos, bajamos. Cuando estábamos en frente de mi casa, Louis me miró fijamente, y yo a él. Se me aguaron los ojos. Mañana me iría a las siete de la mañana, y no lo vería nunca más. Esa sería la última vez en mucho tiempo, a lo mejor, o lo volvería a ver hasta el año que viene.

Se me calló una lágrima. No aguantaba más y me lancé a darle un abrazo. Él también me abrazó, muy fuerte. No quería despegarme. Cuando lo hiciera no lo me volvería a pegar a él.

Estuvimos mucho, pero mucho, rato así.

-Irene, -dijo él, y me dio un beso. El mejor de todo el verano. Era dulce como siempre, pero también con pasión, y a través de él transmitía mucho amor. Cuando se separó prosiguió -te quiero como nunca quise a nadie. Y espero que no te olvides de mí nunca. Pero no te volveré a ver. Por lo menos hasta el verano que viene.

-Eso es mucho -dije llorando, con un hilo de voz.

-Lo sé, pero, no hay otra cosa -dijo él haciéndose el fuerte, pero notaba en sus ojos la tristeza.

-No, no quiero, no me iré a Londres.

-Pero te tienes que ir. Y no dejaré que provoques otro disgusto a tu madre.

-No, Louis, no. No quiero -ahora parecía una magdalena.

-Prométeme una cosa.

-¿El qué?

-Diviértete a más no poder. Vive como una loca, estate loca. Haz nuevas amigas, por lo menos mejores que Ana. Que sean de verdad, no falsas -ahora lloré más...- pero, prométeme sobre todo que no serás una aburrida. Porque eres mi aburrida y no lo olvides. Porque, lo primero que madura es lo primero que se pudre. Recuérdalo. A lo mejor lo olvidarás, eres más pequeña que yo. Puede que cuando comiences la universidad conozcas a alguien, y quede como tu amor de verano. Pero, quiero que sepas que tú, no serás mi amor de verano, si no el amor de mi vida. Nunca quise ni querré nadie como te quise a ti. Pero, debes irte. Y no quiero atarte -espera, Louis no lo digas, no lo digas- en una relación a distancia -LOUIS NO LO DIGAS- así que...

-¡No! Louis, no, por favor, ¡NO!-interrumpí.

-Es mejor dejarlo hasta que nos volvamos a ver, si lo hacemos.

Lagrimones cayeron por mis mejillas a gran velocidad.

-Me da igual estar atada, quiero que sigamos juntos, no me dejes.

-Lo hago por tu bien.

-No conoceré gente como tu ni en Londres ni en ningún lado, por favor, no.

Él no dijo nada, y se despegó para entrar en su casa. Yo quedé ahí asimilando todo. Lloré y lloré.

-Odio mi vida -me dije a mi misma.

Fui a casa, me encerré en la habitación. Miraba repetidas veces la ventana, pero nunca aparecía por ella Louis. Ahora, era él el que la cerró.

Estaba tirada en la cama, abrazando el oso de peluche que él me había regalado a principios de verano.

-Prometiste que no me volverías a dejar ir -dije en voz alta, como si hablase con él -me mentiste.

Estuve, prácticamente, toda la noche llorando.

Continuará...

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