Capítulo 44

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-Dormilona, despierta -me dijo Louis.

-¿Ya es de día? -pregunté sin abrir los ojos, me daba pereza.

-Pues si -dijo riendo -venga vamos a desayunar.

Se levantó de sopetón, haciendo que yo cayera de golpe y porrazo en el colchón.

-Auch -dije sin abrir los ojos, ni mover un solo músculo del cuerpo.

Louis negó con la cabeza. De repente me cogió en brazos.

-Vamos a desayunar.

Me metió en el baño de mi habitación. Después me puso en la ducha, y yo me mantuve de pie tambaleándome, pero aún con los ojos cerrados.

-¿Dónde me dej...?-abrió de repente el agua de la ducha- ¡LOUIS! ¡QUE TENGO EL PIJAMA!

-Mejor corro -dijo saliendo hacia el baño principal de la casa para ducharse él.

Bueno, ahora ya no podía hacer nada, así que quité el pijama -empapado- y me duché.

Cuando acabé, me dirigí a la cocina. Louis estaba con el desayuno, mío y de él preparados. Como si fuera su casa, vaya. La cuestión, es que Louis ¡Estaba solo con una toalla tapándole sus partes! Es decir, de cintura a rodillas enroscada.

-Louis -dije intentando aguantar la risa- ¿Qué haces así?

-Es que me duche, y luego no me di cuenta de que no traje ropa para cambiarme.

Yo solté una carcajada.

-No te rías -dijo riéndose el también.

-Anda ven – le cogí de la mano. Sentí otra vez esas cosquillas en el estómago. Era algo que no sabría describir. Era, como mágico.

Le llevé a la habitación de mis padres, y me puse a rebuscar en la ropa de mi padre. Le saqué la camiseta más pequeña que encontré, era simplemente blanca, lisa y lasa. Y luego encontré unos pitillos que mi padre nunca usaba. La verdad es que tampoco quería verle con eso puesto a mi padre. Pero a Louis, le venía como anillo al dedo.

-Esto creo que te servirá -dije.

-Sí, me sirve de sobra... Por cierto, ¿No le molestará a tu padre?

-Está de viaje, no lo vi ni una vez este verano, y creo que hasta septiembre no viene.

Él asintió con la cabeza, y yo salí del cuarto para que se cambiara tranquilo. Me dirigí a la cocina, y me dispuse a tomar el desayuno que Louis me hizo. Que por cierto, estaba bastante rico.

Justo cuando acabé apareció Louis, y no le quedaba muy mal el pantalón, pero vi la camiseta y me empecé a reír.

-No te rías -dijo él sonriente.

-Es que... -solté una carcajada -mírate.

La camiseta le quedaba enorme, le sobraban como ¿seis tallas? Era muy cómico.

-No te rías -vino hacia mí, y me cogió subiéndome a su hombro, como a un saco de patatas vaya.

Me llevó hasta mi habitación tirándome en la cama. Y comenzó a hacerme cosquillas.

-Ahora sabrás lo que es reírse.

-¡Louis! ¡Para! -dije riéndome.

-No quiero -dijo divertido.

-¡Louis! -me retorcía de la risa, me revolcaba por toda la cama.

En un rápido movimiento, le cogí las manos.

-Guau -dijo- Eres buena.

-Gracias -dije con la respiración agitada debido a la gran cantidad de cosquillas que me había hecho.

Me cogió él las manos y las entrelazó. Me dio un tirón que provocó que me levantara enfrente de él. Se acercó a mí, me iba a dar un beso. Yo me acerqué también a él, pero justo un segundo antes de que nuestros labios se rozasen, me escabullí y corrí a la cocina.

-¡Eh! -dijo él.

-¡Eso por las cosquillas! -grité desde la cocina, y empecé a recoger las cosas del desayuno.

Continuará....

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