Capítulo 12

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Este capítulo lo dedico a una persona que acabo de conocer y que me parece que tenga uno de los más grandes corazones. Muchos la conocéis y disfrutáis con sus historias. Gracias por tu ayuda, me animaste en un momento en que estaba a punto de perder la esperanza. Sé que no te leíste esta historia, pero no me quedaban capítulos libres en Sencilla obsesión. Jared es todo tuyo!!! Muaks

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Septiembre 2000 — Jared

—Por la noche salimos —anuncié, tirando la pelota de básquet en la pared del garaje y volviendo a cogerla.

—¿Dónde? —se interesó Cedric, prestándome por fin atención y alejando el rostro de los besos húmedos que le daba Fosco.

Encogí los hombros y volví a tirar la pelota.

—¿En el Shades? —propuse, nombrando un club de moda en las afueras del pueblo.

—Me apunto. ¿Quién nos acompaña?

Me giré hacia donde Cedric estaba sentado en el suelo y fallaba en enseñarle a Fosco los comandos básicos.

—¿Por qué necesitaríamos que nos acompañe alguien?

Me miró como si hubiera hablado en chino.

—Pensaba que… ya sabes… —Fruncí el ceño, preguntándome desde cuándo había empezado a tartamudear—. Salimos de marcha, ¿no?

—Sí, pero necesitamos chicas…

—¿Y? —Tiré la pelota y me acerqué, aún sin entender algo del balbuceo de Cedric.

Miró el suelo y preguntó:

—¿No invitamos a Liza y a Íria?

—No —dije entre dientes, recordando mi segundo error de haber abierto la boca después del primer error de haber besado a Íria—. Compraré entradas en la sección VIP y las chicas vendrán solas, así que no te preocupes por la compañía.

Cedric levantó la cabeza y me cuestionó con la mirada. Demonios, odiaba las miradas interrogantes igual que las preguntas, y él lo sabía.

—Ah, pensaba que si vosotros… ya sabes…

Me metí las manos en el pelo, con ganas de tirar algo.

—Mierda, Cedric, ¡cállate! Me pillaste borracho y con la boca suelta. No recuerdo mucho de lo que te dije, pero estoy seguro de haberte informado que fue una… negligencia. Fue un simple beso, joder, no es como si le hubiera pedido en matrimonio. Ella lo sabe, yo lo sé. Punto.

—También me informaste dulcemente que te da miedo —se burló Cedric, encontrando el momento perfecto para atacarme.

Lo fulminé con la mirada.

—Claro que me da miedo. Íria y Liza son de las «buenas» e intocables si no tienes preparada una propuesta de pasar el resto de la vida a su lado. Confío en que es lista y no le habrá puesto a un beso un valor superior del que tuvo.

—Si tú lo dices…

—Cierra el pico antes de que me moleste. Si quieres meterte es tu asunto, pero yo paso.

Cedric rió.

—Lo intento sin conseguirlo desde que le han crecido las tetas. Supongo que aún no me perdonó por tirarla en ese charco el tercero de primaria.

Chasqué la lengua, aceptando alejarme de la zona peligrosa de nuestra conversación.

—Gran error. Las chicas no olvidan jamás algo así.

Sencillamente perfecto (SIN EDITAR) - TERMINADA¡Lee esta historia GRATIS!