Capítulo 43

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Dios mío, esto es todo un lío. Londres es enorme. Menos mal que por fin conseguí encontrar el apartamento.

Entré en el portal y saludé al portero. Tenía pinta de ser buen chaval. Fui corriendo al ascensor. Me estresaba que fuera tan lento aquel cacharro.

Abrió las puertas y yo fui disparado. La madre de Irene me había dado las llaves, ya que lo más probable era que Irene no me quisiera abrir.

Entré en casa, y la inspeccioné, a ver dónde podría estar Irene.

Al final la encontré durmiendo en su habitación. No me extraña, eran las tres de la mañana.

Me daba pena despertarla.

Me acerqué a ella, y me senté en el borde de la cama. Le destapé un poco, y vi su cara. ¿Por qué estaba toda negra? ¿Por qué se maquilló tanto? Ella es perfecta, tal y como es. Un momento ¿Y ese pelo? Está por los hombros, y antes le llegaba a la cintura.

-Pero qué coño hice -susurré para mí mismo.

Aparté un mechón de su pelo. Me encantaba tocarle el pelo, era perfecto. Le di un beso en la mejilla, y me tumbé a su lado. Le abracé.

*Narra Irene*

Noté una respiración en mi nuca. Abrí perezosamente los ojos y giré mi cabeza. Estaba oscuro, y ver la verdad, no se veía nada. Al girarme vi a un chico abrazándome. Si juzgaba con mi vista, no sabría quién era, pero, ese perfume, era inconfundible.

-¿Louis? -susurré -¿Qué haces aquí?

-Te dejé ir y lo siento. Pero si tú te vas, yo también me voy.

Me giré por completo y nos miramos mutuamente. Sus ojos resaltaban en la oscuridad gracias a lo claros que eran.

Lo normal sería que después de todo lo que pasó, saliera pitando de esa cama, pero no quise. Simplemente me abracé fuertemente a Louis, y él hizo lo mismo conmigo.

-Lo siento -continuó él hablando bajo- lo de Ana fue qu...

-Cállate -susurré- soy idiota- noté su sonrisa aún a pesar de que no le viera la cara.

-El idiota lo fui yo.

Nos despegamos un poco, lo justo para vernos el uno al otro.

-Te quiero -dijo Louis con sus labios sobre los míos.

-Yo también te quiero idiota -sonreí.

Nos besamos muy dulcemente, él, era así. Amaba esos besos, y bueno, le amaba a él.

Cuando nos separamos con una sonrisa ambos, él puso su tronco mirando al techo, y pasó su brazo por debajo de mi cabeza. Yo, me abracé a su torso, y apoyé en él mi cabeza.

-Buenas noches aburrida.

-Buenas noches idiota.

Ambos sonreímos, y nos quedamos poco a poco dormidos.

Continuará...

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