Capítulo 36

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Estuve un rato llorando. Gracias a dios, mi madre no estaba en casa. Seguramente, estaría tomando un té con Jazzy.

Cómo no, decidí coger la guitarra. Ya estaba casi lista la canción, solo faltaba el final así que me puse con ello.

Debían ser todos los sentimientos que tenía acumulados, que acabé en un pis pás la letra, y como la otra vez, terminé la melodía, solo me quedaba juntar todo.

Después hice unos retoques, y me dio por mirar la hora. ¡Ya eran las ocho! Madre mía, el tiempo con la música se me pasaba volando.

Pero si no estuviera con ella, seguramente, estará deprimida llorando en el desván. Decidí tocarla una vez más. Ya estaba lista.

(Canción de Irene en el vínculo externo)

-Es muy bonita...

Me giré. Estaba Louis en la ventana.

-¿Qué haces espiándome? -dije enfadada.

-No te espío. Estoy en mi habitación -fruncí el ceño- Tranquila fiera. Solo te dije que era muy bonita. Cantas bien.

-Gracias…

-¿De quién es la canción? Me gusta mucho.

-La compuse yo.

-¿En serio? Lo hacer muy bien – me salió una pequeña sonrisita, pero en cuanto pude la suprimí, no quería sonreír por un simple alago de Louis - ¿Por qué la hiciste tan triste?

Por que hablo de ti en esa canción, y te quiero mucho, pero tú estás colado por otra. Pensé.

-No se... -contesté. Me daban ganas de llorar, no entendía el por qué.

Yo nunca había llorado por temas de estos. ¿Por qué llorar por un chico? Siempre es lo que pensé. Y traté que Louis no fuese ninguna excepción, pero es que no lo elegía yo.

-Eh ¿Estás bien?

-Sí, déjame. -Fui hasta la cortina y la corrí para que no me viera. Me arrodillé en el suelo y me tapé la cara con mis manos. Estaba harta de todo.

Noté un golpe en el suelo, al que no le di importancia. De repente, sentí unos brazos rodearme.

-A mi no me importa Ana. Fui un estúpido en la piscina -dijo esa voz peculiar.

Giré la cabeza, y en efecto, era Louis.

-Eh, no llores ¿Lloras por mi culpa? -preguntó.

Y ahora que le decía. La verdad, es que llorar, lloraba por él, pero no lo hacía queriendo, como me decía Ana. Me acuerdo todas las historias que ella me contaba con sus novios, que ella lloraba lágrimas de cocodrilo para que se sintieran culpables.

-Si -dije muy bajo, casi susurrando.

Él me levantó del suelo y me puso frente a él. Me cogió delicadamente con una de sus manos mi cintura, y me acercó a él. Apartó un mechón de pelo de mi cara, y me lo colocó detrás de la oreja. Yo no paré de mirarle a los ojos. Eran preciosos, mientras que los míos debían de estar rojos de llorar, e incluso hinchados.

-No me creo que alguien como tu llore por alguien tan tonto como yo.

-Dijiste que me querías -dije sin parar de mirar sus ojos, y él igual.

Continuará...

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