2. Doctor?

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Aquella noche mis padres estarían en casa, y realmente no me importaba. Sólo estaban en casa porqué mañana por la mañana me llevarían al psicólogo. Sería igual que siempre, irían conmigo una vez, y luego se echarían para atrás, porqué no pueden asistir siempre conmigo.

Karina y Carlos llegan con unas maletas, y se bajan del auto. Mi madre va hablando por télefono, va con su traje de oficina, y lentes negros. Mi padre va caminando medio dormido, y suelta una leve sonrisa. La empleada tiene servida la cena. Se ve deliciosa, pero pienso vomitarla.

- Hola hija-. dice mi madre dándome un beso en la mejilla, y continuando con su llamada télefonica-.

Mi padre se acerca, y me da un abrazo:

- ¿cómo has estado?-. dice en un tono un tanto lastimoso-.

- bien, creo-. le contesto-.

Mi madre deja sus maletas en el comedor, y se sienta en la mesa, observando la comida:

- !Olga, te has superado!-. le dice a Olga, nuestra empleada-.

Todos nos sentamos en la mesa a comer. Papá se notaba hambriento, mamá apenas comía por lo de su dieta. Yo, en cambio, me estaba comiendo todo, para apresurarme, y vomitarlo todo antes de una hora.

- ¿entonces, a qué hora mañana?-. dice mi papá poco interesado-.

- a las 10-. le contesto.

Cuando la cena acaba, mi madre se dirige a dormir, y aprovechandome de ello, vomito todo lo que he comido en la cena. No quiero ser una vaca.

Cuando son las nueve, todos estan levantados. Yo, sin ganas absolutamente de nada, me levanto a tientas. Mis padres desayunan, y me siento junto a ellos. Nadie habla nada, un completo silencio se adueña del salón. Y luego de cepillarme los dientes, nos vamos.

Un largo camino en el auto me deprime, en lugar de eso me pongo a ver el paisaje, y escuchar The Killers para motivarme, Tame Impala para vivir en un mundo de fantasía, Kiss para exhaltarme. Necesito un poco de soledad, estar con ellos me deprime.

El hospital es uno grande, con muchas ventanas. Hay más muchachas como yo, aunque se ven más felices, incluso hay niños menores que yo, con grandes ojeras y moretones en sus caras. Dicen mi nombre por un parlante: Camila Ruggiero. Sala 7.

Mis padres caminan lento por los pasillos del hospital, mi madre ve las puertas algo acelerada, mi padre, está enviando un e-mail de su celular. La puerta 7 está abierta, y una enfermera, de unos veinte años está parada esperándonos.

- pasen, por aquí.

Entro a una habitación iluminada, tiene un gran divan rojo de cuero, al lado, un sillón cómodo del mismo color, entremedio una mesa redonda café, y un lápiz y un cuadernillo encima.

Me recuesto en el diván, y comienzo a mirar el techo, mientras escucho la charla poco comprensible entre mis padres y el doctor.

Entra un hombre de unos veinticuatro años, me sonrié, y se sienta en el sillón rojo.

- Mucho gusto, mi nombre es Damian Grant... soy tu psicólogo. Seré tu compañero a partir de hoy

- hola-. le digo con una leve sonrisa-.

Dulce Amargo.¡Lee esta historia GRATIS!