Capítulo 1

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~ Capítulo 1~

–¡Abuela! ¡Voy a salir! –grité mientras corría escalera abajo, llevando conmigo un montón de libros que me había llevado ayer a casa para leer.

–Claro mi vida –contestó desde lo que sonaba como el salón, en la parte delantera de la casa. No me preguntó a dónde iba  ya que solo salía para ir a un sitio; la biblioteca.

Mientras me tambaleaba por el corto pasillo que llevaba a la cocina, comencé a meter los libros en la gran mochila de punto que mi abuela me había hecho por mi decimosexto cumpleaños hacía unos meses. Era de color crema, y tenía bordada una paloma blanca, porque era mi pájaro favorito en el mundo entero.

Mi abuela siempre me decía que había sacado mi extraña obsesión por los pájaros de mi abuelo. Por lo que parece, me llevaba a observar pájaros cuando era pequeña. Tristemente, no le recordaba, porque murió cuando tenía cuatro años. Pero desearía poder recordarle, especialmente porque parecía que teníamos mucho en común.

–Ow, ¡santos pingüinos! –exclamé mientras tropezaba torpemente con los cordones desatados de mis zapatillas. Los libros se desparramaron por el suelo, acompañados de mi mini caja de pañuelos, mi funda para gafas, mi limpiador de manos, una lata de sardinas para Dusty (nuestro gato de la biblioteca), y mi libro de bolsillo ‘All Things Library’.

–¿Estás bien? –oí a mi abuela preguntar mientras crujían las tablas del suelo, se debía de estar levantando su mecedora.

–Si señora, estoy bien. Me he tropezado –dije mientras recogía mis cosas y las volvía a meter en la mochila.

–Oh, vale cariño. No estés fuera hasta muy tarde, ¡voy a hacer sopa de setas para cenar! –dijo, y la oí volver a sentarse.

Sin hacer ningún sonio, hice que me entraban arcadas. ¡La sopa de setas es repugnante! Tendré que comer en la sala de personal en la biblioteca antes de volver a casa, pensé mientras me ponía de pie.

Bajando la vista, me limpié un poco la porquería del chándal. Sí, llevaba chándal. Quería estar cómoda mientras trabajaba. Además de que no tenía ningún estatus social que mantener con ropa sofisticada. De hecho, probablemente parecía un vagabundo comparada con las chicas de playa. Vestían a la última moda, mientras que yo llevaba chándal y sudadera.

Mientras salía de la casa, sonó un trueno proveniente de las nubes. Miré hacia arriba, viendo grises y oscuras nubes sobrevolándome, y parecía que iban a derramar agua en cualquier momento. Rápidamente, cerré mi mochila y corrí hacia mi bicicleta.

Antes de que asumáis que conduzco una moto, no lo hago. En realidad, mi bici verde menta tenía todavía los ruedines puestos porque no se los había quitado.

¿Qué? No tenía equilibrio. La última vez que los había quitado terminé con un esguince en la muñeca y con un sentido de la dignidad destruido.

Fue horrible.

Subiéndome en la bici, puse la mochila en la cesta blanca que tenía sujeta al manillar. La lluvia empezó a caer suavemente mientras me alejaba pedaleando de la casa azul brillante en la que me estaba quedando ese verano.

Mis padres estaban en África, abriendo, por cierto, una biblioteca, así que yo estaba viviendo con mi abuela porque no confiaban en mí para quedarme sola en casa –aún que estaba a tan solo una manzana de la casa de mi abuela. Pero la verdad es que tenían una buena razón para tenerme bajo la vigilancia de un adulto. La última vez que me quedé sola en casa durante una hora mientras mis padres estaban fuera en una cita, terminé quemando la cocina…

Eso había sido hacía un mes, una semana antes de que se fuesen a África.

Solo había estado intentando cocinar una lata de sopa, pero nadie me dijo que tenía que abrir la lata, o que no pusiese la lata en el microondas… O en el horno… O en la cocina con el fuego encendido…

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