Capítulo 12

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"Kevin... no sabes cuánto lo siento. Ojalá pudieras saberlo, ojalá pudiera estar contigo en este momento. Os he fallado, a ti, a JJ, a mi familia... puede que incluso a mí misma..."

Debió pasar como una media hora desde que Tess se había ido. Seguía allí prisionera, sin poderes y soltando de vez en cuando, una lágrima. Me sentía el ser más indefenso de la tierra, como ya había recalcado mi hermana. Pero sobretodo, estúpida. Había caído de la forma más tonta en una venganza de dimensiones monumentales. Me pregunté cuánto tiempo le llevó planearla y cómo fue capaz de fingir que me quería, cuando su única meta era hundirme.

Recordé la noche del ataque al instituto. Era evidente que ella había sido la que controlaba a los perros, pero desconocía el motivo. Si estaba tan empeñada en hacerme sufrir, ¿para qué intentar matarme con sus monstruos...? A no ser... que fuera una prueba. Así podía averiguar el control que tenía sobre mis poderes. Muy astuto por su parte, como cada detalle de su infalible plan.

De pronto, un brillo azul claro invadió la estancia. Cerré los ojos ante la cegadora luz. Al abrirlos ya no estaba en el sótano y tampoco atada. Me encontraba en una especie de parado, muy verde, soleado y corría una suave brisa. No parecía real. Miré en todas las direcciones, pero allí no había nadie.

"¿Dónde se supone que estoy?", me pregunté.

─Tara –me llamó a mis espaldas.

Me di la vuelta y allí estaba mi abuela, que debía haber salido de la nada. Me sorprendió su presencia y numerosas preguntas afloraron rápidamente en mi cabeza.

─¿Abuela? ¿Dónde estamos...?

─Sé que tienes miles de preguntas ahora mismo –me cortó Rose─, pero no tienes mucho tiempo, así que seré breve. Todo lo que te ha dicho Tess es verdad. Aunque yo no sabía nada de que el wiccano oscuro fuera la hermana de Minerva y tampoco sabía que las dos hubieran tramado una venganza tan elaborada.

Lo sabía, aunque una parte de mí había decidido no creer a mi hermana; las palabras de mi abuela fueron el testimonio que hizo que se disipara cualquier duda.

Me dolía saber que mi abuela había sido tan cruel con mi hermana, porque por muchas atrocidades que ella hubiera hecho, no se merecía nada de aquello.

─¿Entonces ella era la heredera legítima de mis poderes? –conocía de sobra la respuesta, pero quería oírla.

─Me temo que sí. Pero ella no se los merecía y yo no iba a permitir que la silbaliana más poderosa desde Minerva hiciera mal uso de sus poderes. Lo cual también es la razón por la que tus poderes no se activaron el día de tu cumpleaños –añadió a modo de dato de interés─. Antes necesitaban adaptarse a ti.

─¿Fue por esa razón por la que se los quitaste a ella y me los distes a mí? –tan solo escuchaba lo que me importaba, e iba directa al grano con mis preguntas.

Mi abuela asintió, lentamente y sin decir nada.

Estábamos a medio metro de distancia, la una de la otra y permanecíamos en silencio. Yo estaba pensando en Tess, ahora ya entendía porque me odiaba tanto y me compadecía de ella. No me imaginaba lo que había sufrido, pero sí porque me echaba la culpa a mí. A ojos de mi abuela, yo siempre había sido la favorita y Tess, la oveja negra.

─Ni ella ni yo te contamos nada por pensé que era lo correcto ─prosiguió Rose poco después─. Yo la obligue a que no lo hiciera porque temía que acabarás igual: ciega de poder. Y jamás imaginé que Tess pudiera terminar de esta forma, que el wiccano... Sancia la encontrará y tu hermana se uniera a su causa. Es cierto que el día del baile me visto por primera vez en años...

La Hechicera ©¡Lee esta historia GRATIS!