Capítulo 8

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"Pero... ¿¡Por qué me molesta tanto pensar en Kevin si antes, al saber que me había dado mi nuevo apodo, casi daba saltos de alegría!? Debo ser bipolar... ¿no? De todas formas, prefiero no pensar en él en unos cuantos días."

Cuando terminamos de comer, mi hermana y yo empezamos a recoger la cocina. Ella metía las cosas en el lavavajillas y yo las iba quitando de la mesa y dejando en la cocina. Todo esto mientras hablábamos del incidente de la noche anterior.

─Me diste un buen susto cuando no apareciste, pensé que te había pasado algo ─repitió Tess por enésima vez (contadas).

─Creo que ya te he dicho como unas diez veces, la razón de que no me encontraras.

─Sí, pero eso no quita el hecho de que me tuvieras muy preocupada ─insistió ella.

─Y lo entiendo, pero estoy perfectamente. De todos modos, te aseguro que la próxima vez que unos perros gigantes ataquen el instituto, yo no me separaré de ti ─dije vacilándola para que se relajara.

Ella se rió y su risa se me contagió. Adoraba a mi hermana, la tenía en un pedestal. Sin embargo, yo notaba que algo había cambiado. Antes nos lo contábamos todo, pero desde que había descubierto mis poderes le había mentido más que a lo largo de toda mi vida. No obstante, quería disfrutar al máximo de un momento como aquel, en el que mis mentiras no importaran y podía sentirme como la hermana pequeña que siempre había sido.

Terminamos de recoger en diez minutos mientras seguíamos hablando con tranquilidad. Empezamos a subir las escaleras cuando de pronto, sonó el timbre. Entonces recordé lo que me había dicho JJ sobre los tipos trajeados. Me sentí aliviada al saber que ella habría respaldado mi coartada.

Mis padres se levantaron del sofá, abrieron la puerta y entró un solo hombre. Vestía un traje negro, a juego con la corbata. Era bajo de estatura, de pelo negro bastante corto, con una frente ancha, las cejas gruesas y una tez muy oscura. Su rostro parecía típico de una persona amable y serena, aunque también infundía desconfianza.

Se presentó ante mis padres mientras nosotras bajábamos hasta la entrada.

─Este hombre ha venido a haceros unas preguntas sobre lo de anoche ─nos informó papá─. Podéis sentaros en el comedor nosotros estaremos en el salón.

Los tres nos dirigimos al comedor en silencio y nos sentamos. Tess y yo en un lado de la mesa y enfrente nuestro interrogador. En el momento en el que se sentó pude ver como hurgaba en uno de los bolsillos de su chaqueta, pero desconocía la razón.

─Soy el agente Ethan Lawson de una entidad...especial y necesito haceros unas preguntas respecto a lo que os sucedió anoche en vuestro instituto. Sé que la policía ya os ha tomado declaración, pero mis preguntas son algo más concretas. Vosotras sois las hermanas Miller, Tess y Tara ¿no? ─dijo con tranquilidad, como si lo que nos fuera a preguntar tuviera una respuesta que no le fuera a sorprender.

─Sí, así es ─asintió mi hermana.

─Bien ─prosiguió él─, solo serán un par de preguntas. ¿Recordáis algo sobre la mujer que os salvó la vida? No tiene por qué ser algo sobre su físico, puede ser sobre su forma de actuar o cualquier cosa que dijera.

Mi hermana y yo nos callamos unos segundos. Tess frunció el entrecejo y tamborileó los dedos sobre la mesa. Estaba pensando, mientras que yo me sentía de los nervios y me mordía un labio de la forma más discreta posible. Necesitaba una buena respuesta inmediatamente.

─No recuerdo demasiado. Salió de la nada y amenazó a aquellos monstruos. Hubo una pequeña batalla y ella logró derrotarlos. En mi opinión, era lista, pero casi todo lo que hizo fue improvisado. Intentaba ganar tiempo hasta descubrir que hacer.

La Hechicera ©¡Lee esta historia GRATIS!