Capítulo 3

4.2K 201 13

"Así que eso es todo...un don. Pero no tiene sentido...la magia no existe ¿no...? Aunque quizás esta sea la mejor explicación para todo, ¿Qué sabe la abuela? ¿Por qué nunca me contó nada...?"

─¿Un don? Eso no tiene sentido...─hice ademán de levantarme, pero las siguientes palabras de mi abuela me pararon en seco.

─¿Y qué hay de esos sueños que llevas teniendo desde hace cosa de un mes? ¿O de esa mujer que está siempre presente en ellos?─inquirió─. ¿Y supongo que no te habrás quemado al sacar las llaves de su escondite?

Permanecí en silencio, quieta y mirando al suelo. Estaba muy confusa y sentía como mi cabeza daba vueltas. Mi abuela me cogió de la mano y siguió hablando.

─Es normal que ahora y así de repente no lo entiendas. Provienes de una familia, por parte de tu madre, que lleva durante siglos soportando una gran carga. Las mujeres de dicha familia han sido conocidas en su origen como wiccanas y, más tarde, como silbalianas. La primera de ellas se llamaba Minerva y es la que se te ha estado apareciendo en sueños. Cuando ella era joven, logro crear un compuesto químico con cuatro cristales que no son propios de nuestro mundo. De esa forma descubrió la forma de controlar la materia natural.

Ahora incluso entendía menos. Lo que estaba oyendo me sonaba a historias de fantasía o leyendas sin fundamento. Nada parecía lógico o racional. Sin embargo, mi abuela sabía de la existencia de aquellos sueños.

─No es posible, no puede ser real. Esas cosas son imposibles.

─Deja un momento tu cabezonería de lado y escúchame ─exigió mi abuela─. Esto es importante y es hora de que sepas tus orígenes.

─Pues vas a tener que repetírmelo todo y desde el principio ─murmuré.

─Bueno para que entiendas más o menos del todo lo que eres capaz de hacer, te contare como Minerva llegó a este mundo y así podré resolver todas tus dudas.

"Esta historia empezó muy lejos de aquí. En otro mundo, muy superior al nuestro; su nombre es Mysticland. Estoy segura de que no has oído hablar de esa dimensión. En realidad es un mundo como el nuestro, solo que es más pequeño. Además, son capaces de hacer verdadera magia y utilizar una muy innovadora ciencia. Su sociedad está dividida en dos castas, los Cálidos y los Fríos. Ambas castas son de seres humanos, pero los Fríos no tienen sangre, por lo que su piel es como el hielo. De hecho los Fríos llegaron a intentar invadir nuestro mundo. Afortunadamente, los Cálidos siempre velaron por nuestra protección, aunque hace siglos que no pisan nuestro mundo. Bueno, en conclusión, fue en este mundo donde nació y se crió Minerva entre las familias de los Cálidos más poderosas y ricas de Mysticland. Era alguien inteligente, curiosa y soñadora. Cuando creció, se dedicó más a los trabajos científicos que mágicos. Cierto día, mientras andaba por un bosque, encontró en una gruta unos vivos y brillantes cristales. Cogió algunos y empezó a investigar sobre sus propiedades. Descubrió que aparte de sus propiedades químicas también había algunas de origen mágico. Supo desde el primer instante que era un gran descubrimiento, pero no había forma de saber con certeza que se podía hacer con ellos. Por lo que se le ocurrió la idea de probarlo en sí misma. Convirtió esa energía en un compuesto líquido y se lo introdujo en la sangre. Después cogió un pentagrama (una estrella de cinco puntas) y coloco los mismos cristales que había utilizado en su experimento. Inmediatamente, empezó a realizar pruebas intentando descubrir que podían hacer aquellos cristales. Averiguó entonces, que cada cristal podía controlar un elemento natural. Con el cristal blanco, podía controlar los vientos; con el azul oscuro, era capaz dominar las aguas; con el verde, logró hacer crecer cualquier planta y con el rojo, podía dominar el fuego más indomable."

La Hechicera ©¡Lee esta historia GRATIS!