Capítulo 2

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"¿Y si esa voz y mis sueños están relacionados? Hoy parece que nada tiene sentido ¿Acaso son todo coincidencias o es otra cosa? Debería buscar una explicación, aunque ahora tengo otras cosas en las que pensar. ¿Pero por qué a mí...?"

Al rato sonó el timbre y el examen terminó.

Salí acompañada de Kevin y JJ mientras hablábamos sobre el examen. Al parecer ser, Kevin pudo decirle medio examen a JJ y con eso se aseguraba al menos aprobar la asignatura.

─¡Mil gracias Kevin! ─exclamó mi amiga─. Te debo una muy grande.

─No tienes porque ─insistió él─. Aunque si insistes...

─No, lo dicho, dicho esta. Se siente

JJ y yo nos empezamos a reír como si estuviéramos solas. Esa era una de las cosas que me encantaban de JJ, que era capaz de hacer reír a alguien en cualquier momento y, en ocasiones, bromear con gran sutilidad.

─Disfrutáis con esta clase de cosas ¿no? ─insinuó mi amigo.

─Solo a veces ─alegué con una sonrisa.

Él me devolvió el gesto. Me encantaba su sonrisa. Era simple y sincera. A veces cuando tenía un mal día, por muchas carcajadas que me pudiera sacar JJ, la sonrisa de mi mejor amigo me hacía sentirme capaz de enfrentarme a cualquier problema. Solo eso conseguía hacerme sonreír de verdad otra vez. Otros días podíamos quedarnos horas y horas hablando sobre las cosas más tontas o espontáneas. Me encantaban esa clase de conversaciones, eran como muy nuestras...

De pronto, volví a hablarme aquella voz.

"Elige tú lo que oír y lo oirás. Piénsalo", me aconsejó.

No pude evitar sorprenderme y abandonar mis pensamientos. Levanté la vista intentando buscar a la propietaria de aquella voz, alguien mayor o extraña. Una vez más, no la encontré. Dejé de buscar cuando noté que JJ me miraba algo extrañada.

Después nos dirigimos al aula de biologías para hacer el siguiente examen. En esta ocasión si nos pudimos sentar cerca y ayudar a JJ con casi todo el examen. Sin embargo, había otra desventaja: el señor Farrow, el profesor de biología. Era el profesor menos amable con el que me había cruzado en la vida. Siempre con cara de amargado (JJ lo llamaba la pasa amargada) y malhumorado. En varias ocasiones, él había intuido que Kevin y yo dejábamos copiar a JJ en los exámenes.

Tras terminar la clase, nos dirigimos a la cafetería. Nunca comíamos allí, excepto hoy, ya que las clases terminaban más tarde debido a los exámenes. Y aunque daban comida para alumnos y profesores durante el resto del curso, era mil veces mejor la comida casera.

Pasamos por la barra para que nos sirvieran una comida no demasiado apetitosa. Después nos fuimos a una mesa redonda que estaba pegada a una ventana con vistas al aparcamiento. Mientras comíamos, estuvimos estudiando el siguiente examen, el de historia.

De vez en cuando, dejaba de mirar los libros y me distraía viendo a la gente pasar. Me llamó la atención cierto grupo de cuatro chicas que se acercaban a nuestra mesa. No era una casualidad, desde luego, querían algo en concreto. En realidad una de ellas quería algo, la que se podría considerar lo opuesto a mí.

Se trataba de Charlotte, una chica morena, delgada, bastante alta y una gran jugadora (o eso cree ella) de voleibol, acompañada, como de costumbre, de su sequito, un grupo muy peculiar de chicas que estaban siempre en torno a ella. Este sequito lo componían otras tres chicas: Cynthia, la número uno en hundir la autoestima de la gente; Mary la doña perfecta y Hannah, la juerguista.

La Hechicera ©¡Lee esta historia GRATIS!