"A veces te odio"

270 14 2

Cuando dije que no podría dormir tranquila lo dije en serio, sino no estaría ahora subiendo por la escaleras de incendio hasta la ventana que daba a la habitación de Jarred. Por si acaso me estaba confundiendo volví a contar las ventanas un par de veces antes de tocar la ventana con los nudillos. Al instante de hacerlo me acobardé como solía pasar y pensé en huir, pero al final permanecí quieta hasta que escuché sonido detrás de la ventana tapada por una persiana. A través de ella se podía ver como una vaga luz se encendía, luego alguien se acercó y me abrió para que pudiese entrar.

Apreté los labios tratando de que mi boca formara una sonrisa antes de saludar a Jarred, quien parecía bastante sorprendido ante mi presencia. Lo primero que pregunta, como es obvio, es la razón de mi visita, a lo cual respondo encogiéndome de hombros. Pone los ojos en blanco al darse cuenta de  por qué estaba allí, pues mi silencio parece decir más que mis palabras.

Mi mirada inquisitiva hace que todo se torne incómodo, más aún si es posible. Él está allí, vestido únicamente con unos boxers negros sobre su perfecta piel blanca con los abdominales ligeramente marcados y donde mis ojos deciden clavarse como si tuvieran vida propia.

-Si has venido a verme sin ropa podrías haberme pedido que te mandara una foto.

-No es por nada, pero hoy estás de un borde que te cagas y como te fuistes sin dar explicaciones he estado pensando en ti todo el rato, ni siquiera me he podido concentrar al estudiar.

-Ya sé que no puedes dejar de pensar en mí.- dice guiñando un ojo mientras se pone una blusa vieja.

-Ja. En fin, explica quién es Pang y que tiene que ver contigo.

-¿Vas a seguir de pesada con eso?- dice alzando la voz aunque habla en susurros.

-Si.

Pasaron varios segundos hasta que volvió a abrir la boca, esta vez para decir dos palabras:

-Está bien.

Se sentó en el suelo sobre la alfombra blanca mientras yo aún permanecía en pie. Segundos más tarde le imité, arrodillándome sobre el parqué, pero me moví hasta la alfombra que estaba calentita. En ese momento comprendí porqué los perros siempre se echaban allí. Se revolvió aún más el pelo mientras trataba de buscar una forma sencilla de decirme que sucedía. Al final acabó levantándose en busca de algo. Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó una carta, formada por letras de revistas pegadas. Era la típica que los secuestradores le dan a los padres de la víctima, pues era imposible con recortes reconocer la letra pues era inexistente. Me la entregó con gesto desanimado y yo la leí con atención:

Jarred, si intentas enfrentarte o equipararte a nosotros juro que te destruiremos. Retírate de las bandas y no te pasará nada malo.

-Estás amenazado...

-Si, pero no quiero que te inmiscuyas en esto porque podría ser peligroso.

-Deberías haberlo pensado antes de que Astrid me incluyera en los Reciclados.

-Ups.- fue lo único que salió de sus labios.-Esa puta me odia...en fin. La amenaza se debe a que durante mi estancia en esa banda me dedique a dar información a los fénix azules para tratar de entrar en su banda, pero mi pillaron antes de conseguir toda la información necesaria. El chico de los altavoces es Pang, uno de los fundadores y como se ve, no le caigo muy bien.

-¿Y no se puede hacer nada?

-Matarlos, pero no quiero acabar en la cárcel.

-Que mala suerte, no veo que pueda ser útil en esto.

-Sí que lo eres, Helen, me ayudas a soportar esta mierda y eso ya es decir mucho.

Me dio un pequeño y tímido beso en los labios al acabar la frase, todavía se le notaba enfadado, pero se esforzaba por mostrarme una sonrisa. Odiaba que tratara de ocultarme como verdaderamente se sentía, pero sabía que él lo prefería así. Suspiré muy molesta ante su actitud y me puse en pie entregándole la carta.

-Dime dónde se puede encontrar a Pang.

-No te hace falta saberlo.

-Tú sólo dímelo.

-Si te lo digo irás a tratar de hablar con él, pero te darán una paliza antes de que puedas reaccionar.

Me mordí el interior de la mejilla hasta sangrar, hasta notar el sabor metálico tan característico que poseía. Lo que decía era cierto, no tenía nada que hacer en una pelea, acabaría muerta en menos que canta un gallo. Debería haber aceptado a ir a kárate cuando mi tía se ofreció a llevarme. Aunque cabía la posibilidad de que si me entrenaba bastante durante un mes o dos podría ir con la certeza de que no quedaría paralítica en el intento. Alguien habría que supiera artes marciales, o que al menos supiera pelear lo suficiente bien como para poder aceptar un pupilo. Inmediatamente me vino a la mente la imagen de Gary, él había dicho que peleó contra no sé quién, quizás me podría enseñar algo. Bueno, en el caso de que decidiera aceptar a entrenarme, debería prometerme que no le diría nada a Jarred, porque si se enteraba probablemente adivinaría mis intenciones.

Me volví a Jarred y le dije que era mejor que volviera a mi casa, mi padre era de esos que se despiertan sólo con el mecer de las hojas de los árboles. Él comprendió mis razones para querer marcharme y me abrió la ventana, pero en cuanto salí, él también salió, con un pantalón de chándal que no tardó en ponerse.

-No hace falta que me acompañes.

-Lástima que no comparta tu opinión.

-A veces te odio.

-Pues yo te quiero, por eso te acompaño, así que andando que es gerundio.

-Está bien, está bien.

Los dientes me estaban  castañeando por el frío, debí haberme abrigado más, pensé antes de que los brazos de Jarred me abrazaran. Entonces el pensamiento cambió un poco, y en vez de enfadarse por no haber cogido un abrigo,  decidió agradecérselo a su atolondrada mente, porque eran esos momentos por los que merecía la pena vivir, el sentir el cuerpo cálido de la persona que te quiere a tu lado, notando su cariño una vez te ha confesado parte de sus secretos. Llamadme loca, pero jamás me había gustado tanto pasar frío.

Cambio Dual [Pausada]¡Lee esta historia GRATIS!