Capítulo 37: Alboroto en Tokio

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—¡Nike-chan, buenos días! —exclamó Chiharu al verme entrar al salón. Le devolví el saludo y caminé hasta mi puesto, en donde me despojé de mi mochila y la colgué en el pupitre— ¿Qué tal el fin de semana? ¿Y tu resfriado cómo va? —preguntó al momento en que me senté.

—Ya estoy mejor, gracias por preguntar. Y sobre mi fin de semana, pues no hice gran cosa la verdad. —Le respondí.

—Ya veo —sonrió— ¿Has sabido de... Kohina-chan y Kyouta-kun...? —Su sonrisa cambió por una expresión de preocupación.

Entrecerré los ojos y agaché la cabeza.

—No... nada... Lo siento. —Me disculpé y apreté los ojos.

—N-No es tu culpa, Nike-chan —murmuró— No te sientas culpable, tengamos fe. De seguro sabremos de ellos cuando menos lo esperemos —trató de animarme con su sonrisa característica. 

Suspiré internamente y le devolví el gesto tratando de mostrarme sincera. Al poco tiempo, llegaron los dos integrantes restantes de nuestro grupo: Naoki y Kima. El primero nos saludó como acostumbraba a hacer siempre, mientras que el segundo se dignó primero a ocupar su asiento.

—Buenos días, Kima-kun. —Le saludó Chiharu tan amable como siempre.

—Buenos días, Chiharu —le correspondió él, luego volteó en mi dirección—. ¿Cómo sigues con el resfriado, Ni-ke? —preguntó en tono burlón.

Sentí el tic en mi ceja y fruncí el ceño entrecerrando los ojos hacia él.

—Maldito, sí que disfrutas fastidiándome, eh... —murmuré con irritación— Para tu información, ya estoy un 100% recuperada, Kima-kun. ¿Y sabes por qué? —se quedó en silencio esperando a que continuara— Porque yo sí soy una persona que deja que la ayuden y no se opone a ir al hospital cuando me encuentro muy mal como otras que conozco. 

No respondió. En su lugar, se giró en vista frente al tablero recargando en su mano izquiera su mentón. Pude observar que frunció un poco el ceño. Sonreí victoriosa.

«¡Toma esa, JAJAJAJAJAJAJAJAJA! »festejé internamente y ocupé mi lugar al tiempo en que el profesor del área entraba al salón.

Las siguientes clases se pasaron entre lento y rápido. Sinceramente, no me aburrían así que puse atención a lo que explicaban. No quiero decir que si me aburren no escucho lo que dice el profesor, simplemente cuando ese es el caso a ratos me pongo a hacer garabatos en el cuaderno o a mirar por la ventana de vez en cuando a ver qué estarán haciendo los otros estudiantes... Cosas así...

—Escuchen todos, —exclamó el profesor de matemáticas— hoy tengo permiso por una cita médica que tengo por lo que solo tendremos una hora de clase —musitó e inmediatamente fue interrumpido por los alaridos de festejo por parte de la mayoría de mis compañeros de clase, algunos hasta se levantaron de sus asientos y se abrazaron felices por la noticia— ¡Silencio! ¡Aún no he terminado de hablar! —gritó el profesor entre el ruido con voz autoritaria— Sin embargo, van a hacer los ejercicios del libro de la página 123 a la 133. —Al decir esto, todo el mundo quedó mudo— ¡El que no tenga al menos la mitad de los ejercicios que se vaya preparando para asistir a clases en navidad y año nuevo! Así que, espero que cuando regrese encuentre los cuadernos de todos en mi escritorio, ¿entendido? ¡Tienen hasta las cuatro y media de la tarde! ¡Buena suerte! —Tomó sus cosas y salió del salón con las quejas de todos de fondo.

—¡No puede serrr! ¡Voy a morir! —eran las frases que muchos decían con lamento en su voz.

«¿Solo diez páginas? Creí que serían más... »pensé internamente. Tomé mi mochila y la abrí para sacar el libro de matemáticas. Cuando la iba a dejar en su respectivo lugar, ya me encontraba con Chiharu y Naoki al frente con sus cosas y casi llorando.

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