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El sonido estridente del otro lado de la línea produce que instintivamente aleje el móvil de mi oreja

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El sonido estridente del otro lado de la línea produce que instintivamente aleje el móvil de mi oreja. Aquel ruido ensordecedor, contradictoriamente, me entrega algo de calma, para mis adentros agradezco que Sophie sea una noctámbula fiestera profesional 24/7 ―aunque no esté de acuerdo con aquello realmente―, puesto que Alan no contestó ni una de mis malditas llamadas. 

—¡¡Azú, darling!! —chilla.

—¡Sophie! —No puedo evitar gritar pues sé bien que se le dificulta el escucharme—. ¡¿Está Alan por ahí?!

—¡Espera! —Atestiguo auditivamente unos murmullos. Pese a la potencia con que la música resuena a través de mi móvil, puedo distinguir la voz de un hombre seguida por la coqueta risilla de Sophie—. ¡¿Qué habías dicho?!

—¡Que. Si. Has. Visto. A. Alan! —Le reitero algo convulsa.

—Mierda, no puedo escuchar nada... —profiere—. ¡Baby, saldré un momento! —Se dirige a otra persona—. ¡Espérame, luego regreso!

Escucho como el bullicio torturante disminuye en gran medida y es remplazado por el traqueteo raudo de los tacones de Sophie generados por su paso en un suelo probablemente de concreto. A la vez de fondo percibo zambullidos acompañados de chillidos eufóricos. Hay una piscina. Probablemente la fiesta se esté llevando a cabo en una casa y no en un alguno de los clubs que Alan frecuenta como pensé en un principio, si es así tal vez no será difícil ingresar.

—¿Aló?, Azú, ¿sigues ahí? —responde después de minutos que acaecieron como milenios.

—¡Sí!, ¡dime por favor que Alan está en el mismo lugar que tú! —exclamé yendo al grano de inmediato, la angustia en que me mantiene la incertidumbre de no saber del estado de Alan me tiene al borde de la histeria.

—¿Alan?, ¿tu Alan?

—¡Sí, Sophie, quién más! —Me arrepiento luego del tono en mi voz.

Relax Azú, veamos... —comenta dudosa—. Sí, me lo topé al llegar aquí, y creo que fue uno de los primeros en llegar, ¿por qué?

Suspiro, aliviada, no obstante, la aflicción que se precipitó en la extensión de mi organismo no es mitigado por las palabras que esperaba escuchar. Y es que, no estaré tranquila hasta estar segura de que Alan estará bien. Creo que solo podré templar mi estado de ánimo cuando consiga refugiarlo entre mis brazos.

Me necesita.

—Sophie, búscalo, por favor, es que... —Patéticos sollozos escapan—. Recibí unas fotos en mi celular... yo, yo lo vi con unas chicas, él, él estaba...

—Tranquila amore —susurra en tono compasivo—. La verdad es que no lo he visto hace un buen rato pero creo que sé a qué te refieres, cuando llegué acá él ya estaba algo... —La imagino con la vista hacia el cielo, buscando la palabra adecuada—, ido y eso que es temprano aún. —Observo la hora en el celular: 10:45 P.M.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora