Capítulo #5: Secreto

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Nunca antes había estado tan nervioso en un campamento de entrenamiento. ¿Lo peor de todo? Ni siquiera era por el entrenamiento mismo. Pasaría toda la Golden Week rodeado por sus compañeros de equipo y chicos de otras escuelas. No tendría tiempo para sí solo por más de tres días, nada de privacidad, ningún momento seguro para toser. Para rematar, llevaba como cinco días sin síntomas, dudaba llegar limpio a una semana.

Si era en estos días que todos se enterarían de la condición de su capitán, confirmaría la conspiración del mundo en su contra por no haberle dado ni diez días para guardar el secreto.

Solo rogaba que no le diera un ataque de tos durante un partido y, por favor, mucho menos en el juego contra Nekoma del último día. De verdad ansiaba participar en ese, no quería que ninguna enfermedad se lo impidiera. Si le daba uno en su turno en el baño, podría esconder la flor en una toalla y dar una excusa estúpida como «abrí la boca y tragué agua por accidente». Si le tocaba en un recorrido de calentamiento por las calles, aunque no estaría muy orgulloso de hacerlo, tomaría otra ruta y luego vería cómo se reincorporaba. Daichi ya tenía todo pensado, por si acaso.

Lo irónico fue que no se le ocurrió el caso en el que engañar al resto sería seguro —hasta Suga podía ser burlado—, y ese fue el escenario que se dio.

Era apenas el segundo día del campamento. Los chicos estaban repartidos en mesas por equipo; hacía calor por el ejercicio previo y por el sol del mediodía, pero nadie parecía estar pendiente de otra cosa que no fuera la comida. Los que comían más rápido ya habían terminado, otros estaban repitiendo algunos platos y la mayoría iba a mitad de camino. Con su enorme apetito, Daichi sabía que no quedaría satisfecho con la porción que ya casi ingería por completo, así que estaba pensando en qué escogería para su segunda ronda cuando tosió justo después de tragar.

Todo el club volteó a verlo. Las preguntas preocupadas —que, de haber estado en su contexto correcto, habrían sido un tanto tontas por su obviedad— no tardaron en ser hechas. Antes de que alguien le recordara que tenía esa opción, bebió el agua de su vaso muy rápido, por más que supiera que era inútil porque ni siquiera tocaría al intruso, tampoco necesitaba que algo acabase en su estómago. Respiró un par de veces y volvió a toser, como sabía que pasaría.

—Iré a buscar más agua —avisó con voz estrangulada, yéndose de inmediato con el vaso en la mano derecha.

Menos mal que el bebedero no estaba en ese mismo lugar, o no habría podido esconderse en el baño.

Para mayor seguridad, entró a uno de los cubículos. Justo al cerrar la puerta, sintió el primer pétalo en su mano; esta vez sería fácil, aparentemente. Al menos un pétalo salía con cada tosidura, pero eran muchos. En un principio se asustó porque podían estar dos flores mezcladas de nuevo, sin embargo, vio que todos eran blancos y parecidos cuando los depositó en el vaso; ya eran tantos que se le estaban devolviendo a la boca. Con un final que pareció más bien una arcada, expulsó los restantes junto a lo que supuso que era el centro de la flor.

Para disimular que el vaso estaba hasta la mitad de los restos de alguna flor, envolvió esa parte con papel higiénico como si fuera una servilleta. Esperó unos cinco segundos. No sentía movimiento en el baño, por lo que salió del cubículo bastante confiado.

—Oh, ¿así que eras tú el que tosía? ¡Me asusté, toses muy fuerte! ¿Estás bien?

Daichi quedó paralizado al ver a Asahi peinándose frente al espejo.

—Hey, ¿estás bien? —repitió, ahora de frente y no a su reflejo—. ¿Y por qué trajiste un vaso?

—¿No estabas cuando comencé a toser en la mesa?

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!