Capítulo 2

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Desya se quedó paralizado unos segundos tras la afirmación del príncipe.

-Su... ¿yo?-parpadeó varias veces- ¿co-co-mo un esclavo?- tartamudeó.

-Si lo analizas bien,ladronzuelo, es un trato bastante conveniente- le explicó caminando hacia él mientras Desya retrocedía buscando el mejor camino hacía el balcón-Siempre sabrás dónde está el dinero y si te atrapo te convertirás en mi esclavo. El castigo por hurto a la corona, ofensa y daño físico al príncipe es despojo, flagelación pública y muerte por desmembramiento. Además toda tu familia se vendería como esclavos; en cambio si aceptas sólo tú te volverás el mío ¿No te parece un buen trato?- preguntó burlón, ladeando una sonrisa.

-¿Y si no acepto?- preguntó pasando duro.

El príncipe se rió de buena gana.

-Por favor, deja de jugar al hombre digno. Una vez ladrón, siempre ladrón. ¿No gastaste quince monedas de oro en una semana y volviste ansioso de más?- dio un par de pasos atrás y extendió la mano al balcón.

-¿Qué pretendes?- se preguntó si le estaba tendiendo una trampa ¿lo atraparía en cuanto intentara correr al balcón?

-Estoy haciendo una apuesta ladronzuelo. Puedes irte, toma ese dinero como un regalo de bienvenida a nuestro juego. No me decepciones.

Desya le observó un par de segundos y sabiendo que era su mejor oportunidad corrió a todo lo que le daban los pies hacia el balcón, volvió la mirada justo antes de saltar y pudo ver al príncipe de pie en la habitación, desde esa posición la luna iluminaba su rostro y notó que sonreía.

-Vuelve, ladronzuelo- no escuchó la voz, leyó sus labios mientras se dejaba caer del balcón hacia el árbol más cercano y su corazón se aceleró, sus mejillas se encendieron y cuando golpeó contra las ramas del árbol no sintió el dolor

-Vuelve, ladronzuelo- no escuchó la voz, leyó sus labios mientras se dejaba caer del balcón hacia el árbol más cercano y su corazón se aceleró, sus mejillas se encendieron y cuando golpeó contra las ramas del árbol no sintió el dolor. Con el pulso corriendo más rápido que las gotas de lluvia en una tormenta bajó del árbol lo más rápido que pudo y corrió dentro del bosque, lejos del área custodiada por los guardias, directo al centro de éste.

Corrió por varios minutos y solo cuando vio el camino a su casa visible disminuyó el paso, notando que apenas y podía hacer que llegara el aire a sus pulmones.

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