Capítulo 11.

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Por segunda vez en esa noche, Joseph contuvo el aliento.

Emmeline lo miró con una súplica en sus ojos. A pesar de que estaba oscuro, él podía verla por las esporádicas luces de las farolas de las calles que atravesaban.

—Tú eres la persona indicada, por favor. Mira, solo te pido eso, y nadie lo sabrá, solo tú y yo. Lo juro, no le contaré a nadie, no tendrás problemas por nada. Solo un beso, no estoy buscando comprometernos de ninguna forma —aseguró entusiasmada.

—¿Por qué quieres algo como eso?

—Ya te lo dije, quiero recordarlo como algo lindo, con alguien especial.

Joseph se podría haber atragantado con sus palabras.

—¿Y yo soy... alguien especial?

¿Es que acaso tenía que preguntarlo? Emmie arrugó la frente, pero luego sonrió. El Marqués era bastante incapaz de ver ese tipo de cosas por sí solo.

—Por supuesto que lo eres. Para mí sí, Joseph. No lo dudes. —Se inclinó más hacia él para verlo a los ojos cuando el hombre bajó la vista. Pero él era muy consciente de la cercanía de la joven, tanto como en las noches en las que apoyaba la cabeza en su hombro y no lo dejaba concentrarse en nada más—. Quiero que me beses, es perfecto. No solo será con alguien a quien aprecio, sino a quien también admiro, respeto y con quien compartí mucho más de lo que habría imaginado compartir con nadie. Y tú también me has contado algo. Dijiste que no habías hablado de eso antes, ¿no me convierte en alguien especial a mí también? —comentó más para sí misma que como una verdadera pregunta.

El parloteo no logró distraerlo. La voz de Emmeline pidiéndole que lo besara seguía dando vueltas en su cabeza, y todavía estaba con ese pensamiento cuando apoyó un dedo en su barbilla.

El corazón de ella se detuvo para, enseguida, comenzar a palpitar con fuerza.

¡Iba a suceder!

En ningún momento de ese tiempo en que la mantuvo de aquella forma, mirándolo directamente a los ojos, con sus dedos debajo del mentón, Emmie tuvo dudas. Nunca olvidaría eso, ni siquiera tenía que anotarlo, sería difícil, la verdad, describir todas las cosas que estaba sintiendo al mismo tiempo.

¡Y él parecía esperar que ella se retractara!

Algo que nunca sucedería.

Emmie pensó que el Lord estaba a punto de soltarla y dejarla esperando, cuando sin previo aviso, la boca de Joseph estuvo sobre la de ella.

Sus labios se estaban tocando, y Emmeline estaba lejos de sentir asco o miedo como le había sucedido cuando George se le había acercado.

Y así, tan rápido como se acercó, se alejó.

Había sido corto, fugaz.

Se dio cuenta de que estaba decepcionada cuando sintió el frio de nuevo. ¡Ni siquiera había cerrado los ojos!

De todas formas, parpadeó.

—Gra... gracias —dijo sin poder permanecer en ese silencio incómodo.

Joseph se removió en el asiento, todavía con los ojos clavados en sus labios, imperturbable. —Eso no es algo por lo que tengas que agradecer. Me parece que no fue lo que pedías ¿no?—agregó lo último después de soltar un suspiro muy parecido a un bufido. ¿Por qué tenía la voz tan rara?

Emmie no tuvo tiempo a preguntar qué era lo que quería decir.

Joseph volvió a acercar la mano a su rostro, pero esta vez, posándola en su mejilla. Los labios de él volvieron a cubrir los suyos. Los sintió calientes sobre ella y de nuevo sintió que esa sensación extraña la invadía. No tenía ni idea de qué hacer. ¿Iban a repetirlo? No dejaría pasar el momento de nuevo, solo por las dudas, cerró los ojos deprisa.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!