☣ Capítulo 13 ☣

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Victoria Onisse

La situación se me había salido de las manos.

Antes de darme cuenta ya tenía a Brian como amigo, claro que eso fue luego de que él se deshiciera en disculpas por el daño que me había hecho, y ahora también contaba con la compañía de Adam, quien simplemente apareció un día con nosotros, me dio un beso en la mejilla diciendo un simple "Lo siento" y eso fue todo.

Después de haber perdonado a Leo y a Brian, fue mucho más fácil aceptar a Adam en mi vida, pero sospechaba que no importaba si lo aceptaba o no, él simplemente seguiría con nosotros. Ahora los cuatro parecíamos pasar más tiempo juntos de lo que me habría gustado porque era casi imposible quitármelos de encima.

De ser una chica solitaria casi por completo, pasé a ser acompañada a cada comienzo de clase y me recogían al salir de ellas. Fue un cambio drástico que fue notado por gran parte del instituto, podía escuchar los murmullos a medida que pasaba siendo escoltada por los tres demonios -porque el sobrenombre jamás se los pienso quitar- y ellos simplemente se limitaban a hacer mala cara como si pudieran escuchar lo que los demás decían.

Por otro lado, teníamos a Rodrigo, Evan y Derek, que lucían tan disgustados con mis nuevos amigos como el resto del instituto. Quizá no les hacía gracia que sus amigos estuvieran ahora con la chica menos favorable, según ellos, del instituto y finalmente estaba Seth, quien no se había aparecido por dos días, con este que comenzaba ya serían tres, en la escuela. Sin embargo, ese no era mi problema, cualquier tipo de relación que hubiera comenzado entre Seth y yo ya era historia, bueno, si es que podía llamarle relación al intento de beso y los fortuitos abrazos.

– ¿Te parece que así es suficiente? –me sobresalté al escuchar la voz de Leo, por lo que me concentré en nuestra actual situación. Leo estaba pegando cinta transparente de extremo a extremo en el borde de la puerta del baño de chicos, lugar al que Adam había entrado minutos antes. La broma consistía en que cuando el británico saliera se estrellaría de cara contra la cinta casi imperceptible pegada al otro lado de la puerta, si funcionaba, Adam estaría furioso pero Leo, Brian y yo estaríamos muertos de risa.

En estos dos días me había acostumbrado a las bromas que se hacían entre ellos, burlas que nunca se volvían nada serio y que jamás se convertían en motivo de disputas, después de todo el afectado devolvía la ofensa con una nueva broma. La primera vez que lo vi, Brian fue la víctima y me preocupé seriamente sobre si yo sería la siguiente.

No te preocupes, maitresse. Nosotros jamás volveremos a hacer algo que pueda dañarte, pero no está mal que te rías de nuestras tonterías. –me dijo una vez Leo usando su marcado acento francés y aquella palabra que todavía no sabía que significaba. Al parecer estaba a salvo de las bromas, pero igual nunca estaba de más tener un ojo abierto.

–Sí, es suficiente. –dije finalmente a ambos chicos, Brian y Leo, sonrieron complacidos. Cuando escuchamos que la puerta del baño se abría, dimos un paso atrás simultáneamente y esperamos. El grito, que más parecía un gruñido, que dio Adam cuando la cinta se pegó por toda su cara y parte de su pecho, causó que los tres que habíamos participado en la broma comenzáramos a reír descontroladamente. Mis ojos se aguaron pues no era capaz de contener la risa, cuando creí que podría calmarme un poco miré a Adam tratando desesperadamente de quitarse la cinta del cabello y gracias a ello tuve un nuevo ataque de risa.

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!