ATANEA: VII

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Capítulo 7: Hora de máscaras

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Capítulo 7: Hora de máscaras.

En recepción no pusieron ningún problema por conseguirnos un par de máscaras y una peluca para mi (Theo había dejado claro que mientras más precaución mejor, aunque no entendí por qué él no llevaría una estúpida peluca).

Dos horas después, una mujer del personal había tocado la puerta para entregarnos dos máscaras y una peluca de cabello negro. Una de las máscaras era de color dorado, con un diseño de ramas de árbol alrededor de los ojos, la bordeaba un lazo trenzado del mismo color. En la parte de la frente, tenía una especie de cristal amarillo y hermoso. Me la probé y me tapaba justo hasta los pómulos. «Perfecto, mientras más oculto esté mi rostro, mejor», asentí a mi reflejo frente al espejo. La otra máscara era negra con algunos detalles plateados, por supuesto,  aquella máscara tan simple quedaría para Theo. Y aunque no me hubiese gustado la dorada, no creo que Theo le hubiese hecho gracia ponerse algo tan delicado y con tanto detalle.

La fiesta era a las ocho de la tarde. A las siete y medio entré al baño para arreglarme. Mi estómago estaba apretado con diferentes niveles de nervios y a la vez felicidad. Por fin tendría algo de diversión entre toda esa tensión.

Mientras amontonaba mi cabello dentro de la peluca, comencé a analizarme a mí misma, ¿por qué estaba tan contenta por ir a una fiesta? No es como si fuera la primera vez que asistía a una ni nada, tampoco era por estar en México, ni menos era porque hubiese estado muchos días encerrada, de hecho, recién llevaba un día como "rehén"... Quizás era que mi mente no quería admitir lo que mi corazón me estaba diciendo a gritos; ¿toda ésta emoción era por ir con Theo a una simple fiesta? ¿Sólo me pongo así por el hecho de que él va a acompañarme? ¿Me emociona ir porque voy con un chico que pertenece a un lugar invisible para el mundo normal?»

Dejé la plancha de cabello bruscamente sobre la encimera del baño. «No.» No y punto. Lo conocía hace un día, tenía que parar con ese sentimiento estúpido, «tengo novio» o al menos, lo tenía. No me podía gustar un chico un día, y si al otro día aparece otro moviéndome sus pestañas, no podía andar como esas mujeres bobas que se enamoran de uno y de otro en tiempo récord. Yo no era así.

Ya estaba vestida y arreglada frente al espejo largo del baño. Llevaba puesto un cómodo y ligero vestido negro de verano que se ajustaba en la cintura y caía suelto hasta bajo mis talones. Mis zapatos eran negros con unas florecitas doradas que le hacían juego a la máscara. Mi cuello se adornaba con un collar largo de estrellas brillantes. Mi cabello rubio estaba oculto bajo mi peluca de cabello negro y brillante, había jugado con ella hasta lograr una trenza a cada lado de la cabeza las cuales se juntaban atrás. Me maquillé sutilmente con un poco de sombra negra en los párpados y dos capas de rímel.

Antes de salir del baño me puse un labial rosa fuerte. Exhalé, «estoy lista» y me sonreí a misma de forma nerviosa (y quizás un poco ansiosa). Solté una carcajada al verme a mí misma de morena, siempre había pensado en cómo me quedaría el cabello negro... y me gustó.

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