Capítulo #3: El peor descubrimiento

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Sentado en el suelo con la espalda apoyada de la puerta cerrada de su habitación, Daichi veía una vez más a la camelia en sus manos. La había sacado cuando le contó a su madre sobre su mala suerte, ahora no podía volver a esconderla. No se sentía como si hubiese salido de sus pulmones —¿cómo pudo salir de sus pulmones sin deformarse?—, era como una flor que encontraría en cualquier otro lugar natural. Tenía que admitirlo, era hermosa, pero saber por qué brotó la rodeaba de aires turbulentos.

Hacía un rato que Suga le contestó su último mensaje, si la vibración en el bolsillo derecho de sus pantalones era una pista clara; sin embargo, necesitaba un respiro y no leer su respuesta le daba una sensación de estarse ahorrando otra mala noticia más. Conociéndolo, de seguro le escribió algo para subirle el ánimo, solo que lo vería más como un recordatorio de todo.

¿De cuántas cosas se había enterado? Estaba enfermo a pesar de sentirse perfectamente sano —¿cómo no sintió que había algo de ese tamaño creciéndole por dentro?— y no había una cura sencilla; sería algo a largo plazo. Podía morir si nada resultaba estar a su favor; de verdad podía morir de amor sin ningún sentido figurativo de por medio. La enfermedad fue provocada por la unilateralidad de sus sentimientos; vaya forma de enterarse, escupiendo las flores que no podría regalarle.

Daichi estaba consciente de que su enamoramiento podría jamás ser recíproco, las posibilidades de que lo fuera eran muy mínimas. Desde el día en el que esa amplia sonrisa alborotó a sus latidos por primera vez supo que estaba a un paso de perderse. Hoy había dado ese paso restante. Podía hallar el camino de regreso, al menos. Podía encontrar el mapa que tanto buscaba y salir triunfante del laberinto. Podía toparse con expertos que lo sacarían de ahí a la fuerza, pero eso le dejaría el vacío de nunca haber sido exitoso por su cuenta. También podía negarse a recibir ayuda si el mapa resultaba ser inexistente o si la esperanza superaba a la razón, el problema era que nadie llegaba a la salida sin recursos.

Lo sabía, era imposible el siquiera gustarle. No debió dolerle tanto el pecho por algo que había dado por sentado, supuso que una pizca de ilusión seguía latente. No le había contado nada de lo que sentía porque, entre muchos otros motivos, no quería oír cómo era rechazado; pero que Suga fuera quien le dijera que se había enfermado por amar sin ser correspondido tuvo el mismo efecto. Después de todo, no podía culpar a su corazón por romperse si terminó escuchando lo que temía en la voz que menos lo deseaba.

No bastó con una enfermedad que unos doctores le explicarían luego para enterarse. El mundo tuvo el descaro de hacer que la persona que amaba, sin darse cuenta, le informara que no lo amaba de vuelta antes que cualquier tercero sin tanto poder de herirlo.

La camelia se hizo borrosa, así se percató de que estaba llorando. Ni siquiera le sorprendió, más bien, consideraba que aguantó demasiado. Había noticias que ganaban peso dependiendo de quien las diera, y Suga era el único capaz de sumarle toneladas al asunto. ¿Qué conspiración había en su contra? Este era el peor día de su vida, dudaba que alguno se le acercara.

Soltó la flor para secarse las lágrimas y tratar de traer buenos pensamientos. Le aliviaba que su madre no preguntase de quién se enamoró, habría sido complicado de explicar, por más que supiera de sus preferencias. También le aliviaría descubrir un significado positivo para la camelia, así que le hizo caso a su celular después de tantos minutos ignorándolo.

«Las camelias pueden sustituir a las rosas y las rosas son románticas. No te preocupes así por algo de lo que no estás seguro, te estás pareciendo a Asahi».

Era obvio que Suga investigaría y le mandaría el primer mensaje bonito que leyera. También se imaginó su tono de reprimenda tranquila —tan opuesta a la suya— con lo último, y un toque de jugueteo en la comparación para aligerar la situación. No pudo evitar esbozar una diminuta sonrisa de lado; por estas cosas empezó a quererlo.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!