Capítulo 12

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Me desperté, tercer día de vacaciones. Eran como las doce de la mañana, fui a desayunar y me encontré con una nota en la cocina. Mi madre, que había ido a comprar. Pues nada, tocaba hacerse el desayuno.

Cuando acabé de desayunar, me fui a la habitación. Me pegué una ducha y me vestí.

Me puse un moño, de esos que me ponía para estudiar en invierno, para que no me incordiase el pelo. Me senté en el escritorio de mi habitación y me puse a pensar. ¿Cómo me puedo fugar de aquí e ir a Londres? Pensé en varias opciones. Una era coger un coche y marchar sin más. Pero como me encontrara con la policía, yo no tenía carné. Tenía todavía 17 años. Así que taché esa opción rápidamente.

Luego pensé en coger un autobús, pero mi madre se daría cuenta de que me fui, ya que la parada está en la calle y sería fácil que me encontrase en ella. Opción tachada.

¿Y si cogía un tren dirección Londres? Oye, eso era una buena opción, a diferencia de los autobuses, los trenes de aquí pasan frecuentemente, y lo más importante, por la noche. Pero, sería algo difícil encontrar los billetes aquí, pero podía pedirlos vía internet.

Bueno, pues de momento ese era mi plan, iría en tren y adiós todo. Solo tardaría unos días, los días que tardarían en llegar los billetes a casa.

Justo cuando pensaba en todo eso oí sonar mi móvil. Miré la pantalla, Ana. Mi fiel amiga Ana, que no la había llamado desde que llegué. Se me pasó totalmente, estaba tan concentrada con, con... Con nada. Pero bueno, yo atendí.

-¡GUAPA! -dijo mi mejor amiga al otro lado de la línea- No me llamaste ningún día, espero que haya un buen motivo.

-Lo siento Ana, siempre que llegaba a casa estaba agotada.

-No pasa nada ¿Y por qué estabas cansada? ¡No me digas que me sustituiste y ahora andas de fiesta por allí!

-¡Claro que no! Solo salí un par de veces con mi vecino y sus amigos.

-¿No me digas que te gusta? -dijo ella emocionada.

-¡No! Claro que no.

-Bueno, lo que tu digas. ¿Sigue en pie venir en cuanto puedas?

-Claro que si, en cuanto pueda me ves allí nena.

-Vale, a ver si es pronto. Te quiero.

-Te quiero.

Me sentí un poco culpable por no haberla llamado, pero bueno.

Seguí dando vueltas al tema de marcharme. Puede que me ganase un castigo de por vida, pero valdría la pena.

Cogí el ordenador portátil, y me puse a comprar los billetes. Estaba dudando en comprarlos o no, pensé en los pros, y en los contras. No estaba segura de hacerlo, pero es que si no lo hacía, ni en mis sueños podría volver allí, mi madre no me dejaría.

-¡Irene! -dijo mi madre desde la planta baja, gritando- ¡llegué! ¡Ven a ayudarme con la comida!

Bueno, más tarde pensaría en esto. Guardé la página en favoritos, y apagué el ordenador. Más adelante las cogería.

-¡Ya voy!

Continuará...

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