☣ Capítulo 12 ☣

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Seth Argall

–Perdóneme, mi señor. Fue un momento de debilidad, solamente eso. –estaba agotado, sudando, mi cabeza dolía como nunca al igual que cada músculo en mi cuerpo y mi vista estaba borrosa.

–No puedo confiar en que digas la verdad, Seth. Me has mentido, te has atrevido a acercarte a una mujer, a enamorarte de ella. –tragué saliva sabiendo que mi pecado había sido grave.

–No me enamoré, no es amor. Amar es un pecado, yo lo sé, así que perdóneme, señor, por favor. –supliqué. Ya no aguantaba más, mi cuerpo estaba al límite. Ya no podría soportarlo por mucho más tiempo.

– ¿Te has enamorado de ella realmente? –esa era la pregunta que él hacía desde hace tres días y nunca parecía estar satisfecho con la respuesta.

–No, mi señor. No la amo. Es imposible que llegue a amarla. –como siempre, las palabras sabían cómo hiel en mi boca, pues odiaba tener que decir aquello.

¿Amaba a Victoria? Era verdad que no, después de todo, a pesar de que la conocía desde el comienzo del curso hace casi un año, nunca me había detenido a hablar con ella lo suficiente para conocerla bien, así que lo que sentía por ella no podía ser amor. Me agradaba su presencia, me agradaba abrazarla, escucharla cantar, acariciar su mejilla, me agradaba el simple hecho de soñar con besarla, me agradaba ver sus hermosos ojos negros, sus perfectos dibujos, su mirada cuando se tornaba amarilla, me agradaba todo en ella, pero no la amaba.

Sin embargo, debido a la confusión de sentimientos dentro de mí, Anubis me había mandado llamar justo cuando Victoria había escapado de mí, y esta vez sí miró todo en mi mente.

Mi sorpresa no fue poca al saber que lo que Anubis había visto en mi cabeza no había sido lo que mis amigos decían que sentían por ella, lo que vio fueron mis propios sentimientos por la fierecilla.

Gracias a eso, mi cuerpo real llevaba inconsciente tres días y mi mente había estado atrapada en este cuarto oscuro desde entonces.

Quizá mis amigos habían encontrado mi cuerpo y lo habían llevado a un lugar cómodo, pero eso no cambiaba nada, llevaba tres días en los que no podía escapar de mi propia cabeza y estaba claro que colapsaría muy pronto, de hecho, a estas alturas, ya debería haberme desmayado o incluso, ya debería haber muerto.

–Ya deberías aceptar que estás enamorado de ella, Seth. ¡Admítelo de una buena vez! –Anubis comenzaba a desesperarse al igual que yo. Al parecer, el dios no podía soportar la idea de que yo estuviera si quiera pensando en la posibilidad de estar con una mujer.

– ¿Por qué no puede creerme? Además, ¿por qué es un pecado? ¿Por qué no podría estar con ella? Jamás nos lo ha dicho. –mi voz se desvanecía. Cada vez mi garganta estaba más seca y hablar comenzaba a ser doloroso.

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!