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Mi primer día en La Falcon fue horrible. Apenas había podido pegar ojo por culpa de los extraños sonidos que producía la nave. La tripulación también era ruidosa, los de mantenimiento trabajaban en turnos de ocho horas por lo que siempre había alguien despierto aporreando un martillo. Su-Ska-Fá era una de ellos; había intentado salir en plena noche del camarote sin hacer mucho ruido para no molestarnos pero no lo había conseguido; su enorme, desgarbado y endurecido exoesqueleto había chocado en más de una ocasión contra nuestras literas.

D'Jun me despertó de malas maneras (aunque lo cierto es que ya estaba despierta). Me dijo «Son las 6:00» y salió del camarote.

Me espabilé, me atusé el pelo, la cola y las orejas, me desperecé con un sonoro bostezo y me arrepentí de hacerlo porque en la litera de al lado Jen seguía durmiendo y aunque no me regañó, dio una especie de bufido a modo de queja.

Salí de la habitación con el mismo mono del día anterior, lo había usado para dormir y estaba un poco arrugado pero no tenía intención de cambiarme. Vi a D'Jun al final del pasillo e instintivamente la seguí hasta los turboascensores. Subimos juntas y ella pulsó el botón del nivel 2. No me dirigió la palabra en ningún momento.

La cubierta 2 estaba en mejores condiciones (aunque tampoco mucho más), al menos los fluorescentes iluminaban de forma constante y los pasillos estaban más limpios. Había mucha gente yendo y viniendo y me pegué a mi compañera de dormitorio para no perderme. Terminamos llegando al comedor de la nave que era una zona muy grande con varias mesas largas y taburetes corridos para que cupiese bastante gente. Al fondo había una barra tipo bar y la gente hacía cola allí para pedir. Tuve que esperar a que llegase mi turno, justo después de Lessa. Por desgracia, cuando me tocó, me quedé bloqueada frente a la enorme máquina de alimentos. Oí a varios tripulantes quejarse detrás de mí pero lo cierto era que nunca había usado ese tipo de generador de proteínas y no sabía cómo utilizarlo. Noté una mano en mi hombro y al darme la vuelta me asusté al ver a Su-Ska-Fá.

‒¿Necesitas ayuda? –me preguntó la Eppin y yo asentí con la cabeza–. ¿Qué quieres comer?

‒¿Carne? –respondí dubitativa pues no estaba muy segura de lo que se le podía pedir a la máquina.

‒Este procesador es un poco antiguo –me explicó tras chasquear sus mandíbulas–. Casi todo lo que genera son líquidos y papillas pero creo que... Guiso de vaant y ¿te gusta la leche? –Yo volví a asentir–. Y leche.

El chef robot pitó e hizo varios ruidos que yo no entendí pero Su-Ska-Fá confirmó el pedido. La máquina tardó solo un instante en preparar el guiso y la leche. Cogí la bandeja, le di las gracias al generador de alimentos y a mi compañera y juntas fuimos a una mesa.

‒¿Tú no comes? –le pregunté.

‒Ya he cenado. De hecho acabo de terminar mi turno e iba ya de vuelta para el camarote –me respondió frotándose uno de sus saltones ojos con la mano–. Llevo toda la noche trabajando.

‒¿Cuándo podremos volar?

‒No lo sé, eso no depende de mí. Imagino que en un par de días La Falcon estará lista.

La comida estaba asquerosa pero no dije nada y tampoco dejé nada en el cuenco. La "carne" (por llamarlo de algún modo) estaba blandurria y especiada, lo único pasable eran las "patatas" que estaban tiernas. La leche sí me gustó, no se notaba que fuese artificial. Su-Ska-Fá se quedó a mi lado mientras desayunaba, hablaba mucho y aunque su apariencia me intimidaba, me sentía cómoda a su lado porque me trataba con familiaridad y no me miraba mal ‒aunque con los ojos que tenía tampoco estaba del todo segura‒. Luego me acompañó hasta el hangar donde empezaría mi entrenamiento de O.E.

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