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Mi nombre es Pekachakanawari Kanna pero mis amigos me llaman P y desde ayer, el resto de la tripulación, Teniente Kanna. De hecho hoy he podido empezar este diario porque mi amiga Su-Ska-Fá me ha regalado este computador de bolsillo con motivo de mi ascenso. Es un poco viejo y hace cosas raras pero para lo que lo quiero... Además creo haber encontrado el botón de guardar así que voy a empezar a escribir el principio de mi viaje:

Me enrolé en La Falcon cuando solo tenía dieciseis años. Tuve que mentir para que me dejasen alistarme, todavía me faltaban dos años para poder servir legalmente al nuevo gobierno de A'tla. Quise formar parte en la descabellada misión y unirme a aquella nave de tripulantes voluntarios que se preparaban para partir en busca y captura del almirante Xerjes: el asesino de mis padres y hermanos.

El almirante Xerjes, y algunos insurgentes más, era todo cuanto quedaba del antiguo régimen de Los Nobles y ahora pretendía escapar de la justicia. Acabábamos de salir de una larga y dura guerra civil pero yo no podía quedarme de brazos cruzados en Gaea y festejar junto a la mayoría que la democracia había vuelto. Xerjes había sido el señor de nuestra ciudad-estado: un cacique déspota que había hecho con nosotros lo que le había dado la gana y que, durante sus últimos años en el poder, había decidido acabar con todos los extranjeros a los que tanto odiaba.

Mi padre fue de los primeros en morir en aquella estúpida purga; él era un ayariel puro. Tenía el cuerpo cubierto de pelo rojizo, los ojos granates, las orejas despuntadas y una cola poblada: un hombre-zorro en toda regla con colmillos y garras. Los siguientes en ser exterminados fueron los mestizos como mis hermanos y yo misma, aquellos que teníamos la sangre mezclada con otras especies de la galaxia. Mi madre, humana de Ressa, nos había dado a luz a los tres a la vez, éramos una camada, algunos más ayariel que otros. Yo tenía la piel suave de los ressanos (aunque de un color algo más rojizo de lo habitual) y su misma complexión. De no ser por las orejas, la cola, los colmillos y el color rubí de mis ojos podría haber sido una ressana más pero, curiosamente, era la que había sacado el carácter más cercano a los ayarieles y me gustaba devorar las piezas que cazaba vivas: el sabor de la sangre aún caliente de aquellos animales me hacía enloquecer y, a pesar de ser bípeda, la caza se me daba bastante bien. A mi madre y a mis dos hermanos aquello les repugnaba, ellos tenían más de mi padre en apariencia que yo ‒sus garras, sus patas, su pelaje...‒ y sin embargo comían con cuchillo y tenedor productos industrializados. Siempre pensé que intentaban renegar de su lado ayariel que para mí, por el contrario, era todo un orgullo.

Desgraciadamente, ellos no pudieron ocultarse durante la purga y fueron eliminados por los seguidores de Los Nobles. Mi madre murió al defenderlos y yo sobreviví como pude en los suburbios de nuestro distrito en A'tla, camuflándome entre los ressanos y gaeanos. Por eso, cuando me enteré de que La Falcon estaba buscando voluntarios para capturar a Xerjes, no dudé ni un instante y me uní a su tripulación.

No fui la única que se enroló por venganza, como yo, al menos una centena se alistaron: tipos de la peor calaña sin nada que perder, una tripulación de escoria variopinta que estaban allí o para ganar gloria y fama, o para saciar su ira, o para cualquier otro despropósito oscuro.

La Falcon era oficialmente una nave independiente desligada del nuevo y recién fundado gobierno aunque todos sabíamos que aquello era una tapadera de los líderes de A'tla para dar buena imagen frente a La Federación de Planetas. Los altos cargos de la nave eran mayormente miembros del nuevo gobierno A'tlate, algunos más famosos que otros. Entre ellos se encontraban Orion Lars, el hijo de uno de los miembros más importantes del nuevo congreso, la capitán Adrianne ‒que hasta entonces había sido conocida por ser la guerrillera que más bajas y daños le había causado a Los Nobles mientras estos estaban aún en el poder‒ y la embajadora Sirila Ordo que era mestiza de ressana y azorian (una combinación algo explosiva pues ambas razas eran conocidas en la galaxia por ser dos de las especies más belicosas).

Yo, acostumbrada a sobrevivir en los suburbios, me sentí como en casa a bordo de nuestra nave sin embargo no pasaba lo mismo con los oficiales que parecían indignados y molestos porque la tripulación no acataba sus órdenes, ni las normas, ni parecía importarles la jerarquía de mando.

A muchos de los que se alistaron ya los conocía: eran matones, timadores, jugadores, traficantes... si estaban allí era porque se les había prometido extraoficialmente un sueldo a su regreso o un puesto en las altas esferas.

La Falcon es un modelo Star III de ingeniería Ressana, una fragata estelar de tamaño medio diseñada para apoyo en batalla. Aunque no es un buque de guerra está equipada con varias armas y deflectores de iones. Su puente de mando está en el nivel superior. Sus motores se encuentran en la parte trasera y ocupan las cinco cubiertas y al menos suponen la cuarta parte de la nave, lo que hace del modelo Star III una de las naves más rápidas jamás construidas aunque también este es uno de sus mayores defectos por varias razones: los motores pueden ser un blanco fácil para las naves enemigas, tiene una autonomía muy limitada y necesita de una alta dotación de personal en la sala de máquinas para que los motores estén siempre a punto. Pero aunque La Falcon es un modelo estándar de Star III debía de ser de las primeras que se construyeron en su momento y se veía destartalada y desfasada. Gran parte de su carrocería original había sido sustituida por chapas y remaches baratos, muchos de sus cañones estaban averiados y otros tantos simplemente no estaban. Y por dentro la nave no se encontraba en mejores condiciones; los paneles que debían de cubrir los entresijos de la nave habían desaparecido, la mayoría de intercomunicadores y sistemas no funcionaban, muchos de los cables ‒que en teoría no deberían verse‒ chisporroteaban y estaban mal conmutados de manera que, cuando abrías una puerta, se apagaban las luces de la cubierta inferior.

La mayoría de los que se habían alistado tenían conocimientos básicos de mecánica y estaban trabajando a destajo para intentar poner a punto La Falcon y poder partir cuanto antes pero se estaban centrando en arreglar los sistemas primarios de gravedad, de oxígeno, ambientales y por supuesto presurizando los puntos clave de la nave. Los problemas de luz, de presión de agua, de calefacción y de estética nos acompañaron durante más tiempo.

Aquella fragata me inspiraba poca confianza, me daba la sensación de que en cualquier momento se iba a desintegrar pero, como ayariel que era, la tecnología no era mi fuerte, no entendía muy bien el funcionamiento de casi ninguna de las máquinas que la gente usaba cotidianamente y tampoco me interesaba mucho aprender a usarlas: prefería cazar a usar el generador de alimentos, las heridas me las cosía yo misma en lugar de recurrir a los robots médicos y caminaba o corría en lugar de usar transportes... tampoco tenía dinero como para tener un holoproyector o un mísero comunicador. Sobrevivía día tras día y daba gracias por el mero hecho de encontrar comida o algún escondrijo en el que guarecerme durante los días de lluvia.



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