—No es justo. La única tonta soy yo.

—Eh, tranquila —, Anna se acercó a la chica y le pasó una mano por los hombros —. Poco a poco vas a poder hacerlo. Solo es cuestión de que te concentres y no te dejes ganar por tus emociones... Tal vez, con un poco de entrenamiento lo...

—¡No! ¡Ya estoy cansada de eso!

La chica se apartó de la mujer y alzó las manos, haciendo varios gestos de negación con ayuda de ellos.

—Jenn...

—Lo siento, pero no quiero pensar en eso —, la muchacha salió de la cocina, dejando a todos con expresiones que iban de bocas entreabiertas hasta ojos medio desorbitados. Desde el pasillo, la muchacha terminó de hablar —. No tenemos ni cinco meses de haber llegado, ¿No podemos olvidarnos de Ancör por unos días? Solo pido eso. Unos cuantos y ya.

Cuando la puerta del baño se cerró, Robin lanzo un suspiro y posó sus ojos en los de ambas mujeres.

—Discúlpenla. Ella todavía está algo afectada por lo que ocurrió haya.

—No es la única —, dijo Fabián, terminándose el último hot cake que se había servido —. Elliot está de un genio que... Con decirles que ni mi madre lo aguanta. A veces esta de buenas, pero nada más dices o haces algo que no le parece y termina gritándote como loco.

—Si te creo. Desde que llegamos no ha querido hablar conmigo —, la mirada de Anna terminó sobre una de las baldosas de la cocina —. Supongo que me culpa por lo que paso con Madison...

—Oye, eso es algo que yo no entiendo, ¿Tú ya sabías que ella no volvería?

Tanto Bi como la castaña se voltearon a ver, y después la primera le respondió a Robin.

—Lo sabíamos, o por lo menos yo estaba casi segura de ello. Un Oidilian no abandona su mundo, y menos si este lo necesita.

—¿Anna..?

—Igual —, dijo le mencionada, robándose uno de los hot cakes en el plato frente a ella —. He vivido tanto tiempo entre ellos que, conozco parte de sus reglas. Tanto Carolane como Allison no podían irse de Ancör, así que, cuando me entere de lo de Madison supe que mi misión con ella había terminado.

Ambas chicas bajaron la mirada y Fabián suspiro.

—Rayos. Como me gustaría que la volviéramos a ver, por lo menos para que Elliot otra vez vuelva a ser el mismo.

Nadie respondió a sus palabras, pero no fue necesario. El muchacho conocía lo suficiente a sus acompañantes como para saber que compartían sus pensamientos.

 El muchacho conocía lo suficiente a sus acompañantes como para saber que compartían sus pensamientos

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Aquella noche, el ojiazul llegó tarde de la calle. Tanto su madre como Fabián ya se encontraban dormidos, por lo que con cuidado abrió la puerta de su habitación y se metió casi deslizando los pies sobre la alfombra.

Cerró la puerta detrás de su mochila, y después la aventó y corrió hacia su cama, tirándose sin cuidado sobre el colchón. Desde ahí, el chico tenía plena vista de las estrellas que se asomaban por su ventana, así que se les quedo viendo; absorto en sus pensamientos y evitando pronunciar aquello que lo había estado atormentando desde que habían vuelto de Ancör.

Por supuesto, no podía saber que el objeto de su tormento compartía aquella visión del firmamento con él, desde su mundo.

Tras un largo suspiro, el chico se recostó de lado y procedió a descansar unas horas. Todavía tenía varios exámenes por hacer, y necesitaba levantarse temprano.


—Hasta mañana, Elliot

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—Hasta mañana, Elliot.

Las palabras de Madison salieron de su boca cual suspiro. La chica había encontrado un granero abandonado, muy cerca de la frontera, y se decidió a descansar unas horas. Se acomodó entre la paja que había adoptado como su cama y cerró los ojos, permitiéndose soñar con situaciones y recuerdos más felices. 

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!