Epílogo

42 1 9



El reloj que no para


—¿Robin? ¿Ya estas lista?... Se nos está haciendo tarde.

—Ya voy, Jenn. Relájate —, la castaña tomó su mochila del sillón y lanzó un suspiró, arrugando la boca en el proceso —. Te pasas, es el primer día y ya tengo que estarte escuchando... Tú sí que eres exagerada.

—No me importa lo que digas —, ambas muchachas salieron de la casa casi corriendo. Su destino, la casa blanca de junto —. Le prometimos a Anna que iríamos a verla antes de irnos. Si no ibas a cumplirlo entonces no hubieras dicho nada.

Con una ceja en alto y los ojos todavía hinchados, Robin se paró frente a la puerta y tocó. No paso mucho para que esta fuera abierta por una mujer de cabellos negros y ojos oscuros. Una versión más normal y humana de Bithër.

—¿Qué hay, Bi? ¿Ya llegaron los demás?

—No, y no creo que vengan —, la mujer se apartó de la puerta, permitiendo las dos entraran —. Carter le mandó un mensaje a Anna. Que tanto Elliot como el estaban muy ocupados con sus exámenes...

—Eso es la mentira más descarada que he escuchado —, dijo la peli teñida, cruzándose de brazos —. Ninguno es de estar estudiando para las pruebas de la escuela. Mucho menos Elliot.

—Creo que todavía le pesa lo de...

Con un ademan de mano, por parte de Bithër, Robin dejo su idea a media frase. La mujer retomó la palabra.

—Seguro que si... En fin. En el caso de Steve, dice que no puede venir porque sus padres lo vinieron a visitar desde no sé dónde, y que tenía que pasar tiempo con ellos.

—Eso es cierto. Los vi cuando fueron a verlo a la casa de estudiantes. Su mamá está más bronceada que el —, la castaña volteó a ver a Jenn, a lo que esta agregó —. Te lo juro. Nunca creí que vería a alguien más tostado que Steve, pero cuando vi a sus papas... Bueno. Ya te darás una idea de cómo son.

—No, gracias... ¿Y qué hay de Fabián? ¿Si viene?

—Yo ya llegue —, dijo una voz desde la cocina, atrayendo la atención de las tres.

Encontraron al chico desayunando unos hot cakes junto con Anna. Ahora que habían vuelto a la tierra, la cuidadora se veía un poco más grande que su versión normal. Los cabellos habían vuelto a vetearse con un poco de gris, y unas cuantas arrugas estaban alojadas junto a sus ojos.

—Siéntense. Mientras hablamos pueden comer un poco de...

—Gracias pero no. Yo ya desayune.

—Yo no así que, permiso —, con un ligero empujón de su cadera, Robin hizo a un lado a Jenn y tomó asiento con su amigo. Este la alcanzó un plato y la comida, a lo que en cuestión de segundos la castaña ya se encontraba disfrutando de su esponjoso desayuno —, y bien, ¿De qué querían hablarnos?

—¡Ro! ¡No hables con la boca llena!

La mencionada le sacó la lengua a su amiga y posó sus ojos sobre los de Anna. Tanto ella como Bithër se voltearon a ver, pero solo la última habló.

—Primero que otra cosa, ¿Cómo van con sus poderes? ¿Todavía tienen problemas para controlarlos aquí?

—Yo no. Como que ya me estoy acostumbrando —, dijo Fabián —, aun así, hay veces que prefiero no saludar de beso a nadie. No quiero que terminen como la pobre de Tabata.

—Yo tampoco tengo problemas. Los temblores sorpresa ya no hacen su aparición.

Jenn arrugó la boca y desvió su mirada.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!