ATANEA: VI

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Capítulo 6: Primera parada

Habíamos llegado a las calles de Monterrey. Durante lo poco que quedaba de camino, le pregunté sobre la educación en Atanea. Por lo que Theo indicaba, era muy parecido a una escuela normal, solo que tenían electivos para desarrollar sus habilidades "sobrehumanas". Con las Universidades pasaba lo mismo, sin embargo, todas eran gratuitas y los que querían servir a su reino debían entrar a algo equivalente a una escuela militar de nuestro mundo, solo que allí (según Theo) era mucho más exigente, y por supuesto, con poderes que ni siquiera podía imaginar.

Theo me preguntó sobre cuál deporte practicaba, y se burló después de confesar de que no practicaba ninguno. Lo encontró absurdo debido a que era una hummon, lo cual por supuesto, aún no me hacía ningún sentido. Me defendí cuando le dije que en vez de practicar todo el día algún deporte o en vez de estar por ahí desarrollando el lado físico, tenía excelentes calificaciones. "Vaya, no solo eres una cara bonita." «Piensa que tengo cara bonita.» Me sentí algo estúpida.

Aparcamos en un hotel que se veía impresionante. "GRAN LUXURY MONTERREY" brillaba en lo alto de la entrada sobre columnas de concreto, debía tener más de veinte pisos.

Cuando salíamos de vacaciones con mi familia siempre nos quedábamos en hoteles bonitos pero acorde al bolsillo, jamás en hoteles cinco estrellas.

Se me apretó la garganta al pensar en los viajes familiares. «Dios, quisiera que ellos estuvieran aquí también.»

―¿Qué ocurre? ―indagó arrugando la frente―. ¿No te gusta el hotel?

―No... no es eso. Está fantástico. ―Al no recibir una mejor explicación, alzó las cejas, sin quitarme los ojos de encima―. Es solo que... ―empecé a decir―, no quiero que pienses que soy una llorona ni nada... ―Me tomé un segundo para continuar―. Solo desearía que mi familia estuviera acá también, no entiendo porqué sólo yo tuve que escapar...

―Claire, tu familia está a salvo. Tienen a una tropilla de diez soldados de Atanea cuidando a tus padres y a tu hermano, pero no son a ellos quienes buscan, es a ti, por lo tanto, mientras más nos alejemos, más seguros estarán. No podían venir con nosotros ―arrugó sus labios―, si esconder a una persona es difícil, cuatro es más arriesgado.

Tragué saliva. Imaginé a mi familia sufriendo por mi culpa.

Theo escrutó mi rostro, con ojos serios. 

―Sé que te gustaría que te cuidasen tus padres y no yo, pero...

―No ―lo interrumpí bruscamente―, sí quiero que me cuides tú, bajo toda esa ironía, eres agradable y se nota que estás preparado para esto ―pronuncié la última palabra de forma muy marcada―, sólo quisiera que ellos estuvieran aquí también.

Eso de "eres agradable" había hecho que me sonrojara, no estaba segura si me arrepentía o no.

Theo sonrió levemente, haciendo aparecer una pequeña arruga en su mejilla que lo hacia parecer encantador. Abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por uno de los botones del hotel tocó el vidrio del piloto.

―Señor, bienvenidos a Gran Luxury Monterrey, ¿le descargo su equipaje? ―ofreció en español con un tono amable, sonriente y enérgico.

―Gracias, te ayudaré. ―El acento de Theo no era el mejor, pero era aceptable. Me dio una última sonrisa fugaz y se bajó del Volvo.

En ese momento me dio curiosidad saber qué había empacado mi madre para mí. Mi mente rogaba en silencio pidiendo que hubiese empacado la ropa que siempre uso y no ropa antigua que me quedara chica o me quedara mal.

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