¿Cómo había estado todo este tiempo sin él?

Me pregunto eso mientras camino de su lado por los pasillos del instituto, mientras todos nos miran, claro, con miradas de odio o curiosidad.

Me siento ligeramente avergonzada y a la vez estúpida por avergonzarme de mis propios sentimientos, yo lo quiero a él y él a mí, el sentimiento es reciproco, pero aun existe algún bache en mi corazón.

Odio esta maldita inseguridad.

Lo más difícil de soportar el resto del día fue el incomodo e incesante acercamiento de Anthony, se veía en sus ojos lo contrariado que estaba con el relacionamiento de Stephane y yo. Pero no le podía hacer nada, soy egoísta, lo acepto.

Las clases trascurrieron iguales pero menos monótonas a lo que acostumbraba, y eso ni mucho menos, me molesto.

— ¿Te acompaño a casa? —pregunto el pelirrojo a mi lado.

Alce la cabeza para mirarlo y asentí.

Stephane me tomo de la mano y nos llevo hasta mi coche.

Nos subimos en el coche, el a mi lado lo observe y pude percibir su mirada brilla con diversión.

—Todo esto sería mas romántico si nos fuéramos a casa caminando o del coche sea yo, ¿no crees? —agrego risueño Stephane.

Lo miro con una sonrisa en el rostro.

— ¿Por qué dices eso?—pregunte intrigada.

—Bueno —se rasca la parte de atrás de la cabeza y hace un mohín que me enternece de inmediato— Si nos fuéramos caminando te tomaría de la mano y te robaría algún que otro beso, y si el auto era mío, ten por seguro que te secuestraria.

Mis mejillas ardieron de inmediato ¿Cómo podía ser tan… tan el? Gire el rostro para que no viera mi rostro encendido.

Carraspeé para romper el silencio que colgó luego de su última palabra, el me miraba divertido y eso solo hacía que yo me avergüence mas, esto le divertía y a mi también, pero la timidez me ganaba.

Arranque el auto y lo puse en marcha.

— ¿Algún día me dirás donde vives? —pregunte sin despegar la vista del camino.

—Claro, el día en que decidas acompañarme —respondió como si lo fuera obvio.

—Eso lo usas como pretexto —agregue.

—No diría que es un pretexto, es como un as bajo la manga.

— ¿Me crees demasiado curiosa? —pregunte y lo mire mientras nos deteníamos en un semáforo en rojo.

— ¿No le eres?

Me guiño un ojo y puse los ojos en blanco, el sonrió levemente y se acerco a mi para besarme con lentitud hasta que unos bocinazos arruinaron el pequeño momento que estábamos formando.

Me separe de él y puse el auto en marcha nuevamente, nunca había sentido mi rostro hervir con tanta violencia.

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Apague el motor y cada uno bajo por su lado, puse las manos en los bolsillos de mi chaqueta al sentirlas congeladas, mire hacia el cielo, unas nubes negras se apoderaban de ella; pronto llovería.

— ¿Te quedas? —le pregunte a Stephane quien me miro y sonrió.

—Claro —respondió.

Abrí la puerta y entre en la casa con el pisándome los talones.

Alma Guerrera - Sin Editar¡Lee esta historia GRATIS!