Capítulo #2: Situación incómoda

979 149 97

Ni siquiera sabía que su mejor amigo estaba enamorado, eso hacía que su descubrimiento fuera aún más impactante. ¿Por qué no se lo comentó? Quizás no era el mejor con el romance porque ni siquiera tenía la experiencia, pero lo habría ayudado como le hubiese sido posible a obtener el amor de esa persona de vuelta. De habérselo contado, tal vez la camelia que se quedaron viendo en silencio por tantos segundos con expresiones que delataban incredulidad y confusión nunca habría salido de su cuerpo.

—¿Quién es? —Se le escapó antes de siquiera registrarlo.

—¿Qué?

—¿Quién es? —repitió, elevando la mirada a un rostro que nada entendía.

—Suga, acabo de escupir una flor, ¿y me preguntas «quién»? —Se encogió ligeramente de hombros. Había una sonrisa nerviosa en su boca—. ¿Qué tiene que ver eso con esto? ¿Sabes qué me ocurre?, porque yo estoy perdido.

¿Cómo iba a decirle que se había enfermado de algo que creía ficticio hasta hacía un minuto? Y eso solo por mencionar lo más ligero del caso.

—Es... complicado. —No halló otra manera de iniciar. Ni él mismo, que sabía lo que estaba pasando en sus pulmones, era capaz de encajarlo todo para que tuviera sentido.

—Oye, no me asustes. —La sonrisa nerviosa se transformó en labios con una mínima curvatura descendiente—. ¿Qué es? ¿Me tragué una semilla y creció una planta de camelias en mi estómago? ¿Sí es posible que crezca una planta si te tragas una semilla por accidente, entonces?

—Es más complicado. —«Ojalá fuera eso».

—¡¿Por qué no me dices?! ¡Al menos dime si debo asustarme!

Suga tragó saliva. Sí, debería asustarse, pero no quería lidiar con un extraño Daichi temeroso, no en ese instante.

—Es curable. —Supuso que eso era lo mejor que podía responder para mantener los nervios un poco relajados.

—Bien... —La tensión en su frente se aligeró mientras asentía despacio—. Estoy enfermo y parece que sabes qué es. ¿Me lo explicarás?

—Sí, pero preferiría hacerlo en casa, será largo. ¿Puedes quedarte un momento en la mía? Mis padres siempre llegan una hora después que yo a casa, será suficiente para explicártelo tranquilo.

—Avisaré que llegaré tarde. —Daichi sacó su celular del bolsillo para enviar un mensaje que solo escribía con la mano izquierda.

—Esto... ¿Daichi?

—¿Sí?

—¿No piensas soltar la flor? —Señaló con un gesto a la camelia aún sobre su palma.

—¿No debería llevársela al médico cuando vaya a examinarme?

—Ah, no lo había pensado. —¿Por qué habría tenido que pensar tal detalle de algo que no era real, según él? Tenía lógica, sin embargo—. Supongo. Al menos guárdala en tu bolso; es incómodo verla sabiendo que salió de ti.

Daichi miró la flor y sus facciones se vieron a punto de reír.

—Si lo pones así, es bastante raro que aún la esté agarrando. Está bien, la meteré aquí. —Comenzó a abrir el cierre de su bolso.

—Yo sentiría hasta asco, siendo honesto. ¿No se siente rara?

—No realmente.

Le consolaba que su amigo se tranquilizara —o que no exteriorizara su preocupación, por lo menos—, aunque le pesaba tener que arruinarle el ánimo en unos minutos. Estaba a punto de informarle del ultimátum que la vida le había puesto encima tan forzosamente y de lo que sufriría por quién sabría cuánto tiempo. Temía que su caso nunca hallase un final satisfactorio, porque hasta la cura más sencilla debía de ser dolorosa para los sentimientos; o peor, que nunca concluyera y las flores acabasen secándolo de adentro hacia afuera.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!