Prólogo

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A Bea se le salía el corazón del pecho. Sergio había tomado el paso que llevaba un mes esperando, le había declarado su amor junto a un peluche y una flor. Bea, como buena enamorada, estaba deseando contárselo a Elena y después, llenar todo del número 23, el día que su amor había sido correspondido. Llenaría también todas sus redes sociales, obviamente, quería gritar a los cuatro vientos que su amor era recíproco y por ello, ahora era feliz. 

Abrió la puerta de su habitación. Ahí estaba Elena viendo el nuevo anime que había descubierto. Como era normal, no se enteró ni de que Bea había entrado por la puerta. Para que eso pasase, Bea la sacudió con gran alegría. Elena se quitó los cascos y le miró con cara de asco:

-¿Se puede saber a que viene tanta felicidad que tienes que joderme el momento con más salseo?

-Se me ha declarado-le comentó enseñándole el peluche y la flor

Elena se quedó perpleja mientras observaba los regalos. No sabía que le extrañaba más, que le hubiese comprado cosas, que hubiese empezado a salir con el chico que menos le gustaba para su hermana o que lo que sentía por él estaba durando más de una semana. 

-¿Qué dices?-fue su respuesta ante el cacao mental que se había creado

-¡Qué se me ha declarado!¡¿A qué es emocionante?!-empezó a saltar de alegría

Se quedó observando a su hermana. Por una parte, ella también estaba saltando de alegría al ver a Bea tan feliz y contenta... pero por otra parte, no podía evitar estar preocupada por ella. En cambio, eligió obviar lo último y comportarse como la amiga emocionada. Era lo que su gemela necesitaba en ese momento, además, ¿qué importaba lo que ella pensara de Sergio si Bea era feliz?

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