Capìtulo 48 (II)

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—¿Cuidaran de Lënn hasta que esté bien? —, la pregunta de Robin hizo que los rostros de Lumbërt y Ardëum se ensombrecieran.

Ninguno quería mentirle a la chica, pero para su suerte quien contesto a ese cuestionamiento fue Anna.

—¿Te gustaría que se prolongara su sufrimiento? —. El rostro de la chica palideció, y tanto Fabián como Carter apoyaron sus brazos sobre sus hombros. La mujer lanzó un suspiro y, sin apartar sus ojos del frente agregó —. Tiene una herida muy grande en uno de sus pulmones, y parte de su brazo derecho esta inservible... Aun y cuando se curara de eso, no pueden prometerte que tendrá una vida buena... Dime, ¿Te gustaría prolongarle su sufrimiento?

La chica bajó la mirada. Bithër aprovechó aquel movimiento para acercarse a todos y decir.

—Ya está listo.

Tanto la narendäe como otros guerreros habían dibujado un peculiar círculo sobre la tierra. El trazo tenía en su interior varios símbolos extraños y una que otra figura geométrica.

Uno a uno, todos fueron acomodándose en los sitios que les asignaron los guerreros y álfr presentes. Mientras terminaban, Isa llegó corriendo y se acercó a Jan y a Bithër, murmurando tan rápido como pudo.

—Madison no está. Ni sus cosas.

La guardiana abrió la boca lista para dar avisó del hecho a los otros, pero la narendäe no se lo permitió.

—Déjalo... De todos modos tenía que hacerlo. Ningún Oidilian abandona su mundo —, la dueña del fuego le dedicó una ceja en alto, a lo que esta respondió —. No hay nada más que pueda aprender de nosotros.

—¿Tú sabías que haría algo así?

La mujer asintió y terminó con la mirada sobre el horizonte.

—Ahora tiene una misión que cumplir.

Sin más, Bithër se acercó al grupo y se paró frente a uno de los símbolos. Al verla, Anna negó con insistencia y dijo.

—Oh, no. Tú no iras con nosotros.

—Sera solo por unos meses. Tenemos que asegurarnos de que el grupo estará a salvo.

—No...Jan.

La mencionada asintió y se cruzó de brazos.

—Es lo mejor.

Con el labio superior sobresaliendo de su boca, Anna tomó su lugar junto a ella y arrugó la frente. Eso hasta que la guardiana del fuego se colocó detrás de ella, diciendo.

—Nuestro mundo está en deuda con ustedes... Hijos del arco. Yo les concedo su libertad. Pueden volver a su hogar.

—Tómense de las manos y no se suelten. El viaje será mucho más agitado que la primera vez.

—Un momento. Todavía no podemos irnos, Madison...

—¡Agárrense fuerte!... ¡Comienza, Jan!

—Esperen, no podemos dejarla. Ella tiene que venir con nosotros.

—¡Steve! ¡Fabián! ¡No lo suelten!

El ojiazul hizo un intento de alejarse, pero Jan volteó a ver a sus contrapartes de las sombras y la luz, Kel y Ein, y les hizo una seña.

Antes de que el muchacho pudiera salir del círculo, una levantó una pared de sombras y la otra cubrió la parte de arriba con una bóveda de rayos.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!