El portador de la lámpara. Capítulo I

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De súbita veritas de Isabel Laso

Capítulo I

El portador de la lámpara

El estado erótico. Tardé en comprender su significado. La frase daba vueltas en mi cabeza y el corazón me dolía y había un peso extraño en el estómago. Más vueltas y volvía el espíritu henchido a encabritarme el ánimo y así un día y otro.

Unos versos.

Un cuento.

"Habéis escrito eso en estado de gracia" me dice un alma noble y amiga. "Sí"  pienso yo, ¡es todo tan extraño! Y miro la luna y ella me llena con su luz y en su estela me baño y el mar no moja mi piel desnuda aunque la sal y el agua penetran hasta lo más hondo de mi espíritu. Se bate mi espíritu entre el cielo y la tierra, sin agonía pero con estremecimiento. El temor a equivocarme me estremece y sin embargo no me esclaviza, nací demasiado libre para vivir comprometido y sin embargo los compromisos se me suceden y los cumplo convencido.

Voy y soy en este estado erótico del ser creado y creador. Solo del Amor nacen las mejores cosas. La fuerza está en el amor y desde él trasciende. ¿Quién se atreve a decirme que no hay Amor en lo que uno escribe, en lo que uno piensa? ¿Y de dónde surge el pensamiento? ¿De una chispa divina? ¿De un breve momento?

De Recurso y Penía nació Eros, de belleza interior, tocado por todas las musas para siempre. En absoluto destacable su apariencia externa, ¿y qué nos importa si su alma es tan grande y ocurrente? Tan grande e inteligente alma tiene que cuando se encuentra con uno de nosotros y le apetece lo asalta y lo posee, si bien ha de encontrar el terreno labrado primero y luego todo ocurre sin muy bien saberse cómo. El alma fecundada de sabiduría crece y crece en una preñez constante hasta parir una forma creada. Una vez en el mundo perecedero se aprecia que la criatura fruto de este acto demiúrgico es inmortal. Por ser hija de un dios ya se comprende, y también que con ello sea bendecido su otro progenitor carnal pues aunque haya un día señalado en el cual habrá de partir hacia la eternidad, su esencia habrá de permanecer aquí ya por siempre y así perpetuarse.

Mas el estado erótico vuelve, pues con la primera vez habrá quedado el alma fertilizada por siempre, y el acto creativo se regenera desde sí mismo y consigo mismo se procrea. Por siempre.

Cuando uno alcanza el estado erótico no hay fuerza humana que le prive de la melancolía, de la tristeza, de la dicha, del éxtasis ante la contemplación de la belleza. La belleza se transforma en Amor y el ciclo se inicia de nuevo. Soledad, reflexión, pensamiento, creación.

Este es el estado erótico, duele ¡pero es tan hermoso! Prefiero vivir un momento con él que toda una vida sin él. Probarlo un momento es ya no poder renunciar jamás en toda la existencia. ¡Oh Eros te amo! 'O ergo soí filei. Sí, siempre.

Comprenderlo me hizo entender muchas cosas, todo cobró sentido incluido el universo. Ahora ya no es tan duro andar por el mundo, uno se siente cómplice del cosmos y el ánimo aguarda sereno.

Cuando el hombre acabó de leer, me pareció atisbar en su rostro un débil, acaso leve e inconsciente signo de reprobación. Yo aguardaba paciente pero excitado, cual lebrel a la espera del inmundo pedazo de carne sobrante, su emérita opinión respecto de aquel breve texto que había compuesto la noche anterior a la luz de un cabo extenuado y redactado de un tirón, sin reparar en nada más salvo liberarme de la angustia que atormentaba mi alma desvelada.

Por fin, tras un instante eterno, sus labios se separaron rompiendo el rictus que los deformaba.

—Habéis escrito en castellano. ¿Por qué?

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