Capítulo 3.

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Y la semana vuela comí el agua entre dedos y llega en menos de lo que esperaba. Ni siquiera pide pegar un ojo en toda la noche, mis ojos estaban redondeados por unas enormes bolsas color violeta y mis labios parecen haber perdido toda vida; están completamente secos

Sara llega temprano en la mañana, casi dos horas antes completamente emocionada.

-¿Qué-sucedió- contigo?-pregunta modulando cada palabra incrédula.

-Estoy jodidamente nerviosa, eso es lo que sucede. No he podido pegar el ojo.

-_____, sólo es como una consulta imagínate al dentista.

-Odio a los dentistas -contesto agarrando fuertemente mi taza de café sin mirarla. Ella bufa sentándose frente a mi, con ambos brazos sobre la mesa.

-Buen punto -dice susurrando- pues imagínate que es, tu... Bueno, cualquier médico, quien solamente te hará un simple chequeo, nada más.

-Eso es completamente incoherente. Primero que nada, él no es un médico, es una especie de psicólogo... ¡de sexo! -exclame levantándome rápidamente, botando casi todo el café en la encimera -un sexólogo a quien tendré que contarle mi “problema”  y luego se reirá de mi en cuanto me calma y quizás lo publiqué en algún libro que tenga pensado escribir, llamándole a esté “Virgen a los veinticinco” una comedia erótica para que se diviertan con el estúpido caso de una jóven que le tiene fobia a que loa hombres la toquen -gritó histérica tomándole el cabello con desesperación y con a respiración completamente agitada caminando de un lado para otro. Sara me miraba entre asustada y divertida aún sentada en la barra de la cocina.

-Estas completamente loca, _____, él no hará eso, ¿no crees que tendría miles de libros con los “problemas” de todos sus pacientes? No eres la única chica que esta pisando lía veintiséis y aún es virgen. Eso es algo normal.

-¿Conoces a alguna otra estúpida igual que yo?

-No -murmura- pero sé que en algún otro lado puede que haya, y hasta con más edad, no deberías porque ponerte así con un problema tan minúsculo como ese. Niall te ayudará a superar tu fobia. Así que no te pongas nerviosa y paranoíca y ve por tu bolso que es hora de irnos. El camino es un poquito largo.

Suspire tranquilizándome y subí las escaleras a mi habitación para tomar mi bolso, un pico de perfume y arreglar un poco nas las ojeras para que no fueran tan notorias.

Sara tenía su auto ya y quiso que fuéramos ambas en el por miedo a que yo pudiera desviarme del camino y escaparme a otro lugar. Jodida pura que me conduce tan bien.

Reí pensándolo y cerrando los ojos para poder descansar aunque sea un poco. El camino, como ella había dicho, era un poco largo y muy cansador.

Quedaba a las afueras de California. Casi llegando a Nevadas, apartado de la civilización (como Sara dijo). Sara sonrió estacionando y desabrochando si cinturón de seguridad y haciendo un gesto con la cabeza para que nos bajáramos. Los nervios que se habían ido hace unos minutos volvieron fuertemente. Mis manos comenzaron a sudar y tenía muchísimo frío. Al parecer, Sara se dio cuenta del problema y me tomo del brazo y comenzó a caminar más rápido hasta estar completamente en la consulta del sexólogo.

Un gran mesón de caoba estaba en la gran sala de es era. En ella una secretaria rubia con una sonrisa rango fingida y muy mal pintaba de un color rojo.

Sara se acercó a ella sonriendo y le saludo alegremente mientras decía cantarina mi nombre.

-Pues, ponganse cómodas allí. El doctor Horan esta aún dentro con una paciente.

-¿La conoce?

-¿Recuerdas que he venido ya?

-Claro, al parecer muchas más veces de lo requerido.

-Se me ha olvidado que aún no vez al doctor -murmuró con una sonrisa pícara.

-¿Cómo es eso... De doctor? -pregunté ignorando completamente su tono de voz y sonrisa. Ella rodó los ojos y se acomodó en el blanco sillón para mirarme.

-A los psicólogos también se les dice así, es algo normal. ¿Por qué no decirle a él también así?

-¿Por qué no es un psicólogo normal?

-Si lo es, _____, es solo un psicólogo especializado en sexo. Al igual que un psicólogo especializado en parejas i en gente loca.

-Esos son los psiquiatras.

-Como sea. Debes llamarle doctor Horan cuando quieras hacerle alguna consulta. Si es que vienés seguido y el te da la confianza, hasta le podrás llamar por su nombre.

-Estoy emocionada por eso -pronuncié sarcástica. Recostandome en el sillón.

La puerta blanca a un lado del mesón se abrió y de ella, salió un sexy muchacho de cabello castaño. Unos maravillosos labios y para que decir, un cuerpo de infarto. ¿Él era un paciente?

-Él es.

-¿El doctor? -preguntó sorprendida.

-Si ¿a qué esta buenísimo? -susurro sonriendo. Mis nervios aumentaron a un más u pensé que me desmayaría en cualquier momento.

...

Ya va a empezar lo bueno 😏

Directioner13963.

Virgen a los 25 (nh)¡Lee esta historia GRATIS!