Capitulo 9.

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Joseph se ubicó al lado de Emmeline después de revisar los alrededores en el arroyo y comprobar que solo tenían que hacerse unos arreglos mínimos. Miró, al igual que la chica, como corría el agua y se quitó las botas para descansar los pies.

Emmie lo observó detenidamente por un rato, su cabello castaño claro parecía volverse dorado con el sol. Sus facciones siempre duras eran igual de bellas a cuando estaba tenso, siempre lucía perfecto, como si nada le afectara. Pero ella sabía que eso no era cierto. Ahora lo sabía.

Algo resplandeció en su cuello bajo los rayos del sol, algo que llamó la atención de Emmie quien entrecerró los ojos para asegurarse de no haber visto mal.

—¿Qué es eso Joseph? —Preguntó—. Colgando en tu cuello —señaló cuando él se giró a verla.

Joseph llevó las manos al colgante que se le había escapado al tener la cinta de la camisa floja. Era una fina cadena de plata de la cual colgaba lo que parecía ser un anillo. Emmeline se acercó para verlo mejor, y extendió una mano para tocarlo. No había visto un objeto así antes, era muy valioso, eso podía decirlo. Tenía una diminuta piedra en el centro, que tenía que ser un diamante. —Es hermoso —susurró Emmie—. Nunca te lo había visto. Parece... Un anillo de compromiso.

—Lo es —coincidió.

—¿Por qué tienes un anillo de compromiso, allí? —Preguntó desconcertada y ávida de información.

Él sacó los pies del agua y se levantó, ayudándola a salir a ella también aunque no lo necesitase. Emmeline creyó que iba a quedarse sin una respuesta, pero Joseph respondió mientras caminaban para escurrirse el agua.

—Era de mi madre —contestó con la misma voz cargada de amargura.

Oh, ella se arrepintió de haber preguntado. ¿Por qué no podía mantener la boca cerrada? Debería de haberlo imaginado, quería golpearse en la frente.

—Lo siento. No debería haber preguntado. No quiero arruinar tu buen humor.

Joseph sonrió de medio lado tocando el anillo.

—Me gusta recordarla Emmeline, creo que no se merece quedar en el olvido. Mi padre apenas la nombra, Beth finge que nunca existió... No es justo. No había podido hablar de ella con nadie antes.

Eso la animó.

Se acercó caminando con solo una bota puesta y apoyó una mano en su brazo dándole una sonrisa suave.

—Puedes hablar conmigo cuando quieras. Tal vez...—aventuró—. Si nos encontramos alguna otra noche como la de ayer... Quizá hablar de ella te ayude, ya sabes, a dormir, liberarte... Me gustaría ayudar.

Joseph clavó sus ojos en la mano de ella. Cualquier hombre habría entendido eso como una insinuación de otro nivel, inapropiada y provechosa para cualquiera, por supuesto. Pero él había descubierto que Emmeline era bastante ingenua en ese tipo de cosas y no parecía, casi nunca, darse cuenta de lo que era correcto, o no. Era muy extraño, ignoraba la mayoría de las reglas, pero era capaz de comportarse cuando era necesario y podría estar a la altura de la misma reina.

—Gracias —asintió y no agregó nada más—. ¿Regresamos? Beth va a querer salir a buscarnos si tardamos mucho.

Ella soltó una carcajada.

—No lo dudo.

Emmeline continuó toda la tarde pensando en el colgante de Joseph, le habría gustado seguir interrogándolo, pero no le parecía justo. Asumía que lo llevaba allí porque era un permanente recordatorio de su madre, a quien no había conocido. ¿Se lo daría a la persona con quien se comprometiese? Sería una chica afortunada, pensó.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!