38. Dieciocho años {2577 palabras}

Resumen: Una mentirita no le hace daño a nadie

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Narrador omnisciente

Está aburrido. Lleva unas horas así, y Harry no es de aburrirse porque siempre tiene sus videojuegos, su computadora o su celular cerca, además que a veces sale a jugar fútbol con sus amigos, y nunca se aburre porque siempre tiene algo que hacer. El problema ahora es que es verano, y aunque eso en realidad no es un problema porque él ama no tener que estudiar, se volvió en uno cuando la desgracia vino toda junta.

Partió cuando su consola murió. Su amado perro (que es un cachorro, Harry no lo puede culpar, no del todo) pasó corriendo y llevó los cables consigo hace ya unas semanas, botando su preciada consola al suelo y haciendo que él se quedara con menos juegos para divertirse. Y bueno, después vino esa horrible tormenta que los dejó sin luz y por consecuencia sin internet, reduciendo aún más sus posibilidades de divertirse.

Que sus amigos, cada uno de ellos se fuera de viaje al mismo tiempo fue la cereza del pastel, porque él se quedó sin poder salir a jugar y quizá despejarse un poco (aunque, de todas formas, él no es el mejor con los deportes)

Así que allí está. Acostado en su cama, en pijama, mirando el techo de su habitación con una mueca en sus labios porque no puede creer que tiene semejante suerte.

La puerta de su habitación que estaba entreabierta se abre por completo, y no tarda en darse cuenta que es Sulli, su perrito. Escucha las patitas del cachorro (ya no tan pequeño) moverse por el piso de madera antes de subirse a su cama y acomodarse en el costado de Harry. El rizado no hace nada, sigue analizando el techo.

Joder. Incluso ha pensado en que desea volver al colegio. En sus dieciséis años de vida ha pensado que el colegio es una mierda y no cambiará su forma de pensar por estar aburrido.

"Todo es tu culpa, Sulli. Y no me mires así. Sé que lo hiciste con intención" Reclama, en voz baja. Su perrito comienza a mover la cola, feliz por escuchar a su dueño hablarle, sin darse cuenta que es para regañarlo "Te saco a pasear todas las mañanas y te mimo siempre, ¿porqué odias que esté con la consola?"

Sulli deja de mover la cola, triste por el tono que el castaño ha usado con él. Harry suspira, acercándolo a su cuerpo.

"Vale. Lo siento. Sé que no te tomo mucho en cuenta, pero-"

"Deja de hablar solo, Harry"

El rizado rueda los ojos ante la interrupción de su hermana. Levanta un poco la cabeza, viendo a Gemma usando ropa deportiva que se compró hace aproximadamente una semana, sumándole su horrible peinado de una coleta. Harry no desvía su mirada hasta que ella levanta las cejas, a la espera que diga algo.

"¿Estás pensando en algo o qué?"

"Solo pienso que, uhm... Sigo sin encontrarle sentido a que vayas a hacer esa estupidez de spinning cuando estás jodidamente bien de peso y de todo" Masculla él.

Cerca de ellos hay una clase de gimnasio extraño y si le dicen extraño es porque la mayoría de las cosas allí son gratis.

Exacto. Un día, su madre y Gemma llegaron a casa contando la maravillosa noticia que habían abierto un gimnasio nuevo y que habían cosas como Spinning, lo que es andar en bicicleta (o eso es lo que sabe Harry); natación, y el nombre lo dice; aparte de muchas otras cosas, entre ellas zumba, baloncesto, y gimnasia artística. Harry no quiso escuchar mucho de ello porque él repele los deportes, pero desde ese momento que su madre y hermana han estado participando en todo lo que hay allí.

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