Capítulo 36: Peleas y disculpas

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Al instante llegué a su lado. Traté de llamarlo pero no reaccionaba, era como si no pudiese escuchar mi voz.

—Kima, despierta. Es solo una pesadilla. Vamos, abre los ojos, Kima.

Pero nada. Ni se inmutaba ante mis palabras. Estiré ambos brazos para tratar de zarandearlo y de un momento a otro, me agarró de las muñecas, apretándolas fuertemente.

—¡No! ¡Touka...! ¡No te vayas...! —repetía con la voz casi rota al tiempo en que apretaba con más fuerza.

—K-Kima... Soy Nike, tranquilizate. Despierta, vamos. Auuu... —me quejé en voz baja.

Nada. Seguía aumentando su agarre. Intenté zafarme de sus manos, sin embargo era inútil. Repetí una y otra vez su nombre, aumentando con cada vez el tono de mi voz. Llegué a un punto en el que los ojos se me llenaron de lágrimas y tuve que apretarlos a la vez que también apretaba los dientes. Por mas que intentara, él no me escuchaba.

—¡Kima, despierta! —grité con los dientes apretados— ¡ME HACES DAÑO! ¡KIMA...! —bramé.

Y entonces despertó. Instantáneamente, me liberó de su agarre y yo solo pude llevarme las muñecas al pecho. Me las sobé mientras trataba de normalizar mi respiración. Observé a Kima, quien también trataba de hacer lo mismo con la suya, se pasó una mano por la cara, quitándose así algo del sudor que apoderaba a su cuerpo.

—Hace un momento... ¿qué fue lo que...? —No pudo terminar su oración.

Inspiré profundamente.

—Eso no importa. Mas bien, ¿tú estás bien?

—¿Cómo que no importa? ¿Estás loca? —inquirió incrédulo— ¿Qué fue lo que hice, Nike? Responde. —Exigió mirándome firmemente.

—Ya te dije que no fue nada...

—Nike...

—¡Bien! ¡Te lo diré! -—vociferé cansada de su insistencia— Pero primero, déjame traerte la cena, ¿está bien? —Asintió después de unos segundos y yo me levanté de su cama en dirección a la puerta.

Traté de demorarme lo más que pude en el trayecto, pero al cabo de unos minutos ya estaba allí.

—Ten, es sándwich de pavo y chocolate caliente —le extendí la taza con el chocolate y le dejé la bandeja con el sándwich en el regazo para luego alejarme de él hasta sentarme en otro sillón que yacía enfrente—. N-No sabe mal, si es lo que preguntas... Yo me comí uno hace unas horas así que puedo asegurarlo. —Argumenté.

—Bien. Entonces, ¿qué fue lo que sucedió hace unos minutos? —preguntó antes de morder su cena.

Bajé la mirada a mis manos que tenía encima de mis piernas.

—Pues, yo estaba durmiendo hasta que empecé a escuchar gritos, muchos gritos, cada vez se oían más fuerte —musité—. Inmediatamente subí a tu cuarto y te encontré dando vueltas en la cama y gritando desesperadamente... Gritabas "¡No!" y el nombre de una chica... "Touka" —en ese instante sentí la mirada de Kima sobre mí—. Fui hasta tu lado y traté de despertarte pero no me escuchabas... Y entonces, de la nada me agarraste de las muñecas y las apretaste con mucha fuerza —fruncí el ceño—. Te llamé y te llamé pero no reaccionabas... Hasta que grité fuertemente tu nombre y eso es todo. No fue la gran cosa. —Parpadeé y volví mi mirada a él, encontrándome con la suya.

—Así que dije su nombre, eh... —murmuró con la mirada perdida. Luego, volteó a ver hacia la ventana donde se podía ver la tormenta que cubría a la ciudad de Tokio esta noche.

«Debería... »

—Oye, Kima... Esas heridas que tienes... ¿Quién te las hizo? ¿Qué sucedió para que llegaran a tal punto? —pregunté con el riesgo de ganarme una contestación mordaz por parte de él.

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