Capítulo 36: Peleas y disculpas

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—¿Hola?

—Señorita Furukawa, me alegra por fin poder contactar con usted. Disculpe mi atrevimiento al llamar a estas horas...

—No, tranquilo, Yokozawa-san. Discúlpeme a mí por no haber respondido sus llamadas anteriores, me quedé dormida y ni por asomo escuché el celular.

—No se preocupe. ¿Y bien? ¿Cómo vio al joven Kima? —me preguntó.

—Pues, Yokozawa-san, creo que su expresión de que: "esta algo mal" difiere mucho de la realidad... —Comenté refiriéndome a cuando me llamó en la escuela.

—Sobre eso... Discúlpeme, por favor. El joven no quería que nadie supiera de su estado además de los empleados de la casa... Ya sabe cómo es de obstinado... —murmuró con cansancio.

—Sí, lo sé muy bien —alargué la "u" de muy al pronunciarla—. Pero bueno, cuando llegué le revisé la temperatura y la tenía muy cerca de 40°, quise llevarlo a un hospital pero se rehusó rotundamente. Así que me quedaré con él esta noche.

—¡Muchísimas gracias, señorita Furukawa! ¡Realmente aprecio su ayuda! ¡Muchas gracias de verdad!

—No hay de qué. No tiene porqué agradecerme, Yokozawa-san —le quité importancia al asunto—. Emm, disculpe si soy muy entrometida, pero quería saber... ¿Esas heridas...? —dejé la pregunta en el aire.

—Ah... —soltó con un tono de voz escéptico— Solo le puedo decir que fue en su familia el problema. Eso es todo. Si me disculpa, qué pase buena noche. Adiós. —Y colgó antes de que pudiera preguntarle algo mas.

Me quedé observando la pantalla de mi celular por unos instantes hasta que apareció el nombre de "Mamá" en ella. Descolgué y respondí a sus preguntas de si Kima seguía mal, si le había gustado la comida que preparé —cosa que sabemos no le gustó para nada— y de si yo había comido algo. Al cabo de unos minutos mamá me colgó —ya que no había mucha señal por la tormenta— y me digné a prepararme algo para cenar.

Se me había ocurrido la idea de ir a un konbini a comprar unos fideos instantáneos pero recordé que estábamos en medio de casi un tifón. Por lo tanto y con toda la pena del mundo, tomé unos alimentos de la despensa de los Yoshida y los utilicé para prepararme un sándwich de pavo. También, le hice uno a Kima, por si llegaba a darle hambre cuando se despertase.

Calenté el chocolate que quedaba y me senté en el sofá para cenar. En serio, la casa se veía tan solitaria, el único sonido que se oía era el de los truenos y la lluvia que no dejaba de azotar con fuerza ni un segundo.

Al terminar de comer, dejé el plato y el pocillo que había usado en una mesa y me recosté en el respaldar, suspirando en la acción. Miré al techo unos segundos y luego cerré mis ojos, volviendo a soltar un suspiro.

«Sólo espero que se mejore pronto... »

***

A mis tímpanos llegó el sonido de un grito muy fuerte, seguido de otro y otro, igual o más fuerte que el anterior. Abrí mis ojos de par en par aturdida y de un golpe, me enderecé.

«¿Qué ha sido eso? »

Los gritos volvieron a escucharse y de un salto, ya estaba levantada. Subí lo más rápido que pude por las escaleras y corrí hasta llegar al cuarto de Kima y abrí la puerta de par en par. La imagen que contemplaron mis ojos me abrumó totalmente.

En la cama, yacía un Kima que gritaba con todas sus fuerzas y se revolvía en su cama, como si estuviese acorralado.

—¡No! ¡No, no, no! ¡Toukaaaaaaaaaa! ¡No! —Gritaba sin parar.

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