Capítulo 36: Peleas y disculpas

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«Qué raro... ¿por qué...? »pensé interiormente.

Fue entonces cuando recordé dónde estaba y el porqué. Al tiempo me percaté de los truenos que retumbaban afuera junto al sonido de la lluvia chocando contra el techo y suelo. Me pregunté qué horas serían, la casa se encontraba totalmente oscura con excepción de la mínima luz que se distinguía a través de las cortinas, provocada por los truenos.

Saqué mi celular del bolsillo del chaleco hallándome con algunas llamadas perdidas de mi madre y del que distinguí como el número de Yokozawa-san. Miré la hora, ya eran las ocho y media de la noche pasadas. Alumbré con mi celular y visualicé la taza donde horas antes había servido y tomado un poco de chocolate. Me desperecé con la intención de levantarme y entonces, me topé con algo en el suelo. Extendí el brazo y lo tomé en mis manos agrandando los ojos en el acto.

«El álbum... »

Abrí el álbum en su última página y observé detenidamente aquella foto de Kima con esa chica, produciéndome nuevamente una punzada en mi pecho, como si me hubiesen clavado una aguja.

Sacudí la cabeza a ambos lados y me digné a ir a ver cómo seguía Kima. Me levanté y me enterré en mis pensamientos mientras subía al segundo piso.

«¿Qué había pasado con Kima? ¿Por qué tenía esas heridas? ¿Quién se las hizo? ¿Qué hay de las fotos del álbum? ¿Por qué no había ninguna de él de bebé? ¿Por qué en todas tenía una expresión... de alguien infeliz pese a estar con sus padres...? Y... ¿Quién sería aquella chica que hacía a Kima sonreír de esa manera...? »Tantas preguntas sin respuesta me agobiaban de cierta forma y siendo sincera, no sabía exactamente por qué, pero no estaba segura si quería escuchar una respuesta de la última.

Detuve mi andar al estar frente a la puerta de la habitación de Kima y la abrí tratando de no hacer mucho ruido —por si seguía dormido—. Asomé un poco la cabeza para asegurarme de si se había despertado o no, como no se movió supuse que sí seguía dormido y anduve hasta él lentamente. Puse mi mano en su frente al mismo tiempo que ponía la otra en la mía para ver si su temperatura había disminuido.

«Aún sigue considerablemente caliente... »dije en mi fuero interno.

Me senté en la orilla de su cama —procurando no moverlo— y lo observé fijamente. Su cabello negro alborotado, su flequillo tapando un poco sus párpados, sus pestañas cortas, negras y lisas, sus labios gruesos entreabiertos... Duermiendo tan pacíficamente... Como si se hubiese quitado un peso de encima...

«¿Qué cosas habrá vivido... para tener esa expresión en su pequeño rostro...? »pensé internamente. «¿Qué cosas le habrán pasado... para qué no confíe en los demás...? ¿Para creer... que no le importa a nadie...? » Al pensar en todo ello, se me hizo un nudo en la garganta, acaricié su cabello suavemente tratando de transmitirle un: "Tranquilo, yo estoy aquí" Para que sepa que nunca mas estará solo...

Deseé que le llegara ese mensaje con todo mi corazón.

Me levanté un poco y me incliné hacia abajo, cerrando los ojos y dándole un beso en la frente. Me mantuve ahí unos segundos largos hasta que abrí los ojos lentamente y me percaté de lo que había hecho, sonrojándome de inmediato y apartándome rápidamente huyendo al primer piso.

«¡¿Qu-Qu-Qué he hecho...?! ¡Madre mía...! Uh... »me reprendí mentalmente. «¡¿E-En qué demonios estaba pensando...?! Besándolo así mientras dormía... Uh... ¡Trágame tierra y llévame a otro lugar bien lejos por favor...! ¡¿Y qué demonios pasa contigo, corazón?! ¡Deja de latir tan rápido...! »me llevé las manos al rostro y me tapé con ellas, sintiendo mi cara arder como nunca. Todo mi caos mental fue detenido al escuchar el ring-tong de mi celular, sobresaltándome en el momento. Lo tomé y contesté sin mirar quién era el remitente.

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