Capítulo 36: Peleas y disculpas

14 0 0

—Hey, Nike. —Escuché una voz que se me hacía familiar llamándome.

Abrí los ojos y me encontré con un niño. Ese niño con el que hablé sólo una vez cuando me caí en mi bicicleta. Llevaba el uniforme blanco de su escuela puesto y me miraba fijamente, sin una expresión en particular.

Intenté hablarle pero él no me escuchaba. Parpadeé un par de veces y entonces el niño ya no estaba allí, ni tampoco frente a esa escuela en la que nos encontramos esa vez. En cambio, ahora estaba en el tren, el cual estaba en movimiento. Miré a todos lados y el vagón se hallaba vacío, creí que estaba sola hasta que escuché una voz llamándome.

—Furukawa.

Me giré rápidamente y me encontré a Kima, vestido con el uniforme de secundaria. Miré mis brazos y torso, yo también tenía el uniforme de ese entonces.

—¿Qué quieres, Kima? —interrogué viendo el paisaje urbano.

—¿Kima? ¿Desde cuándo te di permiso a que me llamaras por mi nombre? Qué maleducado de tu parte. —Exclamó con su tono mordaz de siempre.

«¿Qué...? »

—¿Qué quieres de-? —me detuve— Ah, o sea que... todo fue un sueño... —murmuré para mí misma.

Ambos nos dignamos a observar el exterior.

—¿Sabes, Furukawa? Todo esto... —balbuceó con la mirada perdida y yo volteé a verlo— Yo... ya no... —parecía que había terminado su frase porque lo vi moviendo sus labios, pero por alguna extraña razón dejé de escuchar su voz.

Pestañeé de nuevo varias veces y ahora ya no estaba en el tren, sino en lo que deduje era la terraza de mi actual escuela. La brisa soplaba fría, dándome un pequeño escalofrío al chocar con mi rostro.

Observé a mi alrededor, no parecía haber persona alguna en la escuela. No estaban los chicos del club de béisbol en la cancha practicando, ni los de fútbol, no se oía ningún alboroto; era como si fuese la única persona allí.

Volví a mirar mis brazos, ahora llevaba puesto el uniforme de diario de preparatoria.

—Nike. —Oí mi nombre una vez más.

Volteé nuevamente encontrándome con el Kima actual.

—¿Por qué me llamas por mi nom-? —no pude terminar de hablar ya que, Kima se acercó y pasó sus brazos por mi cintura y cabello respectivamente, dejándome total y completamente sorprendida.

—Lo siento... —murmuró en un tono de voz que apenas logré escuchar.

—¿Qué...? —susurré totalmente confundida- ¿Por qué...? —No respondió. En cambio, solo me apretujó mas contra sí. Pasado unos momentos, decidí no preguntar nada y correspondí a su abrazo, apretando con mis puños su chaleco de la escuela.

Entonces, de la nada me separó bruscamente de su lado empujándome de los hombros hacia atrás. Me quedé atónita observándolo mientras él giraba hacia el lado contrario y caminaba en esa dirección.

—Hey, ¿qué te pasa? —inquirí en voz alta.

Él detuvo su andar y se giró hacia mí, dejando su cabeza ladeada hacia un lado y mirándome con sus penetrantes ojos café oscuro que ahora se sentían tan lejanos a mí.

—¿No te has dado cuenta? El tiempo...

se acabó.

Abrí los ojos de golpe encontrándome con un techo blanco. Con mis manos sosteniendo mi peso, me enderecé y miré a todos lados.

—¿Dónde estoy...? —me pregunté y en ese momento sentí mis mejillas húmedas. Pasé mis dedos por uno de mis ojos y al ver que era agua, me restregué los ojos, quitándome las lágrimas de encima.

¡¿Comprometidos?!¡Lee esta historia GRATIS!