A un niño de 10 años (aprox)

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Espero que alguna vez leas esto si vuelves a pasar por aquí. Te debo la vida. Ese día pensé que sería el último. Ya lo tenía todo preparado ¿Sabes? Iba a colgarme de la ventana de mi apartamento. Sí, colgarme, matarme. No te imaginas (confio en ello de todo corazón) lo horrible que es vivir sola. Nadie que te salude al despertar, nadie que te visite, nadie que te llame en tu cumpleaños. Mi hermana murió hace 4 años... ¿Ahora entiendes? Estoy totalmente sola. No tengo amigos. Nadie me quiere. Estaba completamente segura de ser invisible para todo el mundo. Me deprimí, me sentía (y aún lo hago) un poco fea, inútil. Me cuesta conseguir que la gente me escuche, todos chocan contra mí en la calle, como si no me vieran, como si no estuviera ahí. Es un pensamiento verdaderamente deprimente ¿Sabes? Cualquiera que se sienta así preferiría morir. Y eso era lo que pensaba hacer. Hasta antes de ayer. Estaba ahí, sentada, en la escalera de la plaza, de esta misma plaza ¿Recuerdas? y estaba llorando. Me estaba despidiendo. Y entonces viniste, me tomaste la mano con esas manitas tan lindas tuyas y me dijiste que por qué lloraba, que era muy bonita y joven y no tenía por qué llorar. Y me sonreiste de una forma tan especial que volví a verle algo de sentido a la vida. Y luego se acercó tu mamá y al verme llorando fue muy amable conmigo. Pero fuiste tú el que me motivó a seguir adelante, el que detuvo un error, el que me salvó. Ayer le escribí a una amiga de la infancia que vive en Colombia y contrariamente a lo que esperaba, me respondió cadi al instante. Me voy a Colombia a empezar de nuevo. Solo quería agradecerte.

Ojalá leas esto.

Saludos,

                una amiga que te debe la vida y jamás te olvidará.

Releí el papel, me sequé una lágrima y me dispuse a pegarlos en los postes cerca a la plaza.

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