Capítulo 35: Obstinado

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La campana sonó indicándonos el fin de las clases. Puse mi mochila encima de mi pupitre y metí mis útiles en ella, en ello llegaron Naoki y Chiharu a mi lado.

—Hoy tampoco vino Kima-kun, ¿eh? Nike-chan, ¿tú qué harás? —me preguntó Chiharu al pie de mi asiento.

—El mayordomo de los Yoshida me llamó —les conté mientras organizaba mis cosas—. Me dijo que Kima estaba algo mal y me pidió que fuera a echarle un vistazo, así que me dirijo hacia allá. —Expliqué.

—Eh... —soltaron la pareja al unísono con un tono muy irritante. Entrecerré los ojos y los volteé a ver.

—¿Qué? —espeté al ver sus expresiones de "aquí hay gato encerrado".

—Nada, nosotros no hemos dicho nada, ¿cierto, Okumura-kun? —le sonrió angelicalmente a Naoki.

—Sip, tal como dices, Kuronuma. —Le siguió el juego a su novia.

Apareció un tic en mi ceja y exhalé.

—Muy graciosos.

***

Y aquí me encuentro frente a la gran reja de la mansión de los Yoshida. Por la calle no se ve ni un alma pasar, es como si todos se hubiesen aliado para no estar en casa al mismo tiempo.

«Bien, entremos »me dije en mi fuero interno.

Tal como dijo Yokozawa-san la reja estaba entreabierta así que solo tuve que empujarla levemente para entrar, dejé todo como estaba y me encaminé al jardín de la mansión. Llegué a la puerta que conectaba la casa con el jardín, la deslicé y entré por fin a la casa.

La puerta conectaba a su vez con la cocina, por lo que llegué allí. Miré todo detenidamente, la cocina se encontraba perfectamente limpia y ordenada, no se escuchaba ruido alguno en el lugar.

«Ha de ser porque está dormido... »pensé refiriéndome a Kima.

Sacudí la cabeza y subí las escaleras hasta llegar al segundo piso, el cual también se veía desierto. Caminé hasta la habitación de Kima y a llegar toqué dos veces en la puerta.

—¿K-Kima? Soy Nike. ¿P-Puedo pasar? —pregunté por alguna extraña razón nerviosa. No obtuve contestación alguna— ¿Kima? V-Voy a pasar, ¿de acuerdo? —dije y abrí la puerta pero él no estaba, lo busqué dentro del pequeño cuarto donde está su ropa: nada, en el baño: nada. Si no estaba allí entonces, ¿dónde se había metido?

Salí de su cuarto y emprendí camino por todo el segundo piso. No se hallaba en el cuarto de sus padres, ni en los demás cuartos que tienen para invitados, ¡En ninguna jodida parte!

—Diablos, ¿dónde estará...? —murmuré entre dientes frunciendo un poco el ceño. Me detuve al notar algo extraño— ¿Una... puerta...? —musité confusa. No recordaba haber visto antes aquella puerta.

Cerré los ojos y traté de ver si me acordaba.

—Oh, ¡cierto! La primera vez que vine aquí una de las empleadas me dijo que había una habitación a la que no entraba nadie más a excepción de... ¿de quién? No recuerdo muy bien... —exhalé—. Bueno, de cualquier manera, voy a mirar si está aquí. —Dije y tomé la perilla entre mis manos. Justo cuando empezaba a girarla escuché un gran ruido que provenía de abajo y me pasó un escalofrío por todo el cuerpo haciendo que me detuviera.

«¿Qu-qué fue eso...? »me pregunté, con el ceño levemente fruncido. «No me digas que... ¡¿Un ladrón?! » «No... Tal vez sea alguna empleada de la casa... Si, ha de ser eso. »

Con ese pensamiento en mente troté hasta llegar al comienzo de las escaleras, bajé de a dos la escalera y revisé cuidadosamente —solo por si acaso— las habitaciones cercanas a las escaleras del primer piso: nada sospechoso. Estaba revisando la sala cuando se escuchó de nuevo un gran alboroto; esta vez, tomé una guitarra que había allí y salí lentamente de ahí.

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