☣ Capítulo 10 ☣

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Seth Argall

Incluso yo estaba conmocionado con la noticia que Leo acababa de darnos. ¡Victoria había accedido a ser su amiga! El mundo se estaba volviendo loco y no me gustaba ni un poco esta situación. ¿Cómo era posible que después de tanto daño, Victoria hubiera accedido a ser amiga de Leo?

–Estás mintiendo. Debes estar mintiendo. –le reprochó Adam a Leo, quien no había borrado su sonrisa en ningún momento. Él estaba completamente feliz y yo no veía la hora de que borrara esa molesta risita de su cara.

–Créelo. ¡Finalmente logré avanzar con ella! –gritó eufórico. Apreté con fuerza los puños pues de repente me sentía enojado. Hasta este momento, el único que había tenido un contacto verdadero y bueno con ella había sido yo, pero ahora Leo parecía tener ventaja, después de todo, la fierecilla y yo nunca habíamos llegado a un acuerdo de ser amigos. Un momento, ¿por qué debía preocuparme si Leo y ella eran amigos? Yo no estaba interesado en ella, así que no debería estar enojado. Pero lo estaba, estaba furioso.

–Y hasta le diste un beso en la mejilla. –genial... mi temperamento no mejoró con ese comentario. Había mucha información que yo no sabía de lo que había pasado entre esos dos, pero ellos sí, después de todo, podían ver en la mente de Leo tan fácilmente como podían ver la suya propia.

– ¿Acaso importa? Por fin conseguí que la fierecilla me hable y ahora todo será más fácil con ella. –se defendió Leo.

–Más fácil para ti. –contraatacó Evan.

–En realidad el único que la tiene difícil eres tú. Por nuestra parte tenemos esperanzas. –Leo tenía razón, Evan era el que más difícil tenía estar con la fierecilla, ya que ella no olvidaría lo cerca que estuvo del peligro cuando él se le acercó.

–Bien, estoy cansado de que no pueden parar de hablar de ella. Creo que iré a dar una vuelta por ahí. Avísenme cuando la fierecilla deje de ser el centro del universo. –y sin decir nada más di media vuelta y me alejé de ellos.

¿Por qué ahora estaba tan enojado con ellos? ¿Era por culpa de Victoria? ¿Era culpa de ella que mis amigos parecían haber perdido la cabeza? Rodrigo se iría pronto y el poco tiempo que aún teníamos con él, era desperdiciado porque él tenía metido en la cabeza que quería a la fierecilla. No, esto no me estaba gustando, no me gustaba nada.

Salí de la casa de dos plantas en donde vivían Leo y Derek, hogar pagado por el dinero que recibíamos de los adultos que trabajaban en distintas partes del mundo. Los jóvenes éramos mantenidos por ellos y al cumplir nuestro ciclo en esta ciudad, éramos liberados para ayudar en el sustento de los más chicos y continuar con la búsqueda de soldados.

Caminé sin rumbo fijo pues realmente no sabía a donde llegar. Seguramente Rodrigo iría detrás de mí en algún momento y no pensaba dejar que tuviéramos una discusión en mi casa, la última vez fueron pocos los muebles que logré salvar, pues en un ataque de rabia, él terminó transformándose en la mitad de la sala de estar.

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!