Prólogo

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Sin saber por qué, veía esas pequeñas cosas en todos lados. Eran cómo pequeños gatos negros que estaban todo el tiempo en el aire. Aunque tampoco era algo nuevo, los llevaba viendo toda su vida pero esos eran nuevos.

— Oye, Essy-chan, ¿Que sucede?. - Preguntó Suzuya.

Él era cómo un hermano para ella, se habían conocido desde pequeños y ambos tenían la misma afición hacia el patinaje. Era albino, con sus ojos rojos como grandes gemas.

— ¿No los ves?. - Estaba apuntando hacia los pequeños demonios.

— ¿Al cielo?, ¿o algún ser extraño que ves desde pequeña?.

— Nada, sólo olvídalo. - Era cierto que los veía desde pequeña, pero nunca se le había acercado uno como acababa de pasar.

Siguieron caminando, hasta que ella tuvo que doblar en una esquina y seguir hasta dos cuadras, que era en donde se encontraba su casa.

Pequeños "hombrecillos" morados salían de algunos huecos que habia e iban hacia las personas que pasaban. Essy siguió ignorando ese detalle, y trató de llegar a su casa lo más rápido.

Esta vez quería respuesta, no le bastaba con las simples palabras sin sentido de: Es tu imaginación.

Sacó las llaves de su bolso, y abrió la puerta. La casa se encontraba en total silencio, sólo la respiración de ella. Siguió caminando preguntando por su hermana, o su madre que era la persona que primero llegaba a casa.

Llegó a la cocina y nada, para después ir a su habitación y dejar la mochila ahí. Después fue hasta la de sus padres, esperando encontrarse a su madre dormida, pero para su sorpresa su madre ya no la recibiría desde ese momento, ni tampoco volvería a ver a su padre cruzar la puerta de entrada. Ambos estaban colgados de una madera del techo.

Los miró, y tranquila fue hasta el teléfono para llamar a su tía y avisarle de la situación.

Después de explicar todo (y también aguantar las lágrimas de ella), cortó. Agarró un cuchillo y fue hasta la escena de suicidio, para comenzar a cortar las cuerdas.

Suspiró cuando terminó de hacerlo, miró a sus padres. Ambos se habían suicidado sin pensar en cómo estarían sus hijas, o más bien Iki, ella no podría con esto en cambio Essy, sabía que las personas morían todo el tiempo dos muertes más no cambiaría al mundo.

Llamó a la policía y notificó lo sucedido. Luego de eso, llegó su hermana con su hermosa sonrisa, saludo a Essy feliz y fue hasta su habitación para dejar las cosas del instituto.

— ¿Y mamá?, ¿todavía no llegó?.

Ella suspiró, para después decir:

— Ella ya no está con nosotras, de hecho papá tampoco, ¿y sabes por qué?. - Después de que su hermana preguntará Por qué, dijo. - Por qué se mataron juntos.

La sonrisa de la pequeña de ocho años se desvaneció de su rostro. Ni se preocupó en tratar de retenerlas, aunque en un momento dejaron de caer, levantó la cara y le sonrió a su hermana que estaba indiferente hacia la actitud de ella.

— No importa, ellos seguirán conmigo, y también contigo. Ellos siguen aquí sólo que su cuerpo ya no tiene vida. - Tal vez se le había pegado algo de Cristianismo por un chico que conocía.

— Si eso prefieres creer...

Las sirenas de los policías comenzaron a escucharse a la lejanía, para después parar al frente de la casa de la familia Kannoke.

Ya habían pasados unas semanas, y todavía no se animaba a abrir aquella carta que un policía dijo que era la nota de suicidio de sus padres. Sólo la miraba todos los días, preguntandose si allí conseguiría las respuestas que necesitaba.

Prefirió dejar de pensar tanto y solo actuar, después se fijaría si arruinó la situación o no. Se sorprendió al ver que ellos ya habían explicado toda su situación, todo lo que la enredaba con esos pequeños seres.

Hola Essy, soy mamá.

En serio quisimos explicarte todo esto antes, pero no tuvimos otra opción.

Las cosas que tú ves, son demonios. Tú tuviste una herida de un demonio y por eso ahora los ves. Iki no sabe de esto, y por favor no se lo digas, sólo deja que viva feliz hasta que por sus medios lo descubra.
No te lo dijimos antes por qué no parecía importarte, rodaban alrededor tuyo y tú hacías como si no existieran, por esa razón eres fuerte, Essy. (Podrás encontrar más respuestas en los libros de tu padre).

Sé que no entenderás por qué lo hicimos, pero es que tú nunca has experimentado la situación en la que una persona está tan desesperada que cree que el suicido es la única opción.

Lamentablemente yo estaba pasando por ese momento, y les transmiti todos mis problemas a tu padre estando ambos con la misma desesperación. Básicamente era qué un demonio estaba detrás tuyo todo el tiempo, nunca pudimos determinar cuál era ya que nosotros lo veíamos como una mancha negra.

Él dejó de estar detrás tuyo para ir por mi, todo el tiempo estaba inventando cosas horribles que iban a pasar, y esas cosas inventadas me trajeron esos problemas.

Sólo te pido que no me odies, sólo espero que puedes sobrellevar todo esto.

Adiós.

Supuso que para cuando haya terminado de leer la carta estaría llorando, pero era cómo si el conducto de lágrimas se hubiera vaciado. Lo contrario a Hiyori, a través de las delgadas paredes se podía escuchar a la pequeña llorar en las noches, había aceptado el hecho de que sus padres estaban muertos.

Fue hasta la habitación de ellos, e hizo una mueca de asco al sentir el olor putrefacto que se había quedado desde que ellos se habían suicidado. Comenzó a buscar los susodichos libros, y encontró los parecidos a algo Sobrenatural.

Los llevó a su habitación y comenzó a leerlos, uno por uno para entender ese distorsionado mundo, en el que ella se encuentra cada vez más transparente.

Ella estaba enredada en la soledad infinita, en donde los recuerdos en los que reia inocentemente la lastimaban.

— ¿Que sucede, Iki?. - Preguntó, mientras ambas chicas comían.

La pequeña casi no estaba comiendo, y Essy tuvo que hacer un gran esfuerzo para fingir que le interesaba cómo estaba.

— Nada, sólo no me siento bien.

— Si, claro. - Dijo sarcásticamente. - Si todavía sigues mal por que ellos murieron, tienes que saber que las personas mueren todo el tiempo en todas las partes del mundo y si tú estás así por dos personas solamente entonces encierrate en tu habitación y... Llora pequeña, por que tienes para horas por todas las personas.

Iki la miró, sabía que su hermana era fría y nunca lloraba pero era extraño que a ella le hablará de ese modo. Aunque comprendió que ella tenía razón, estaba segura que sus padres seguían con ella y debía ser fuerte. Se levantó y susurro:

— Gracias por explicar ese detalle de la vida, aunque sabes perfectamente que no soy como tú, que no lo superare tan fácil. Sólo dejame ser así.

— Te dejaré ser como quieras.

Ya no necesitaba decir más palabras, sólo creer que en ese distorsionado mundo alguien, tal vez, la encontraría.

A ella y a su lado alegre.

Hola we's.

¿Les gustó el prologo?. Debe ser una caca importante pero fue, lo dejo así :V.

Solo vine a hacer acto de presencia, nada más we.

Bueno, espero que les haya gustado.

Manténgase asombrosos, nos vemos en el siguiente capítulo.

Tack se despide, Adiós.

*Inserte Brofist*

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