Septiembre, 2015 (I)

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Conocí a Dorian el día que fuimos a firmar el contrato de alquiler.

Yo había estado viviendo durante todo el segundo curso con Emily y otra chica que a final de año había decidido irse a vivir con su novio. Al vernos los dos solos y sin que ninguno tuviéramos nadie en mente con quien quisiéramos convivir, Emily y yo decidimos buscar un piso de dos habitaciones para el curso siguiente, pero en cuanto nos pusimos a ello descubrimos que era más difícil de lo que parecía. Al final, después de ver un montón de zulos y un montón de pisos decentes pero abusivamente caros, ambos asumimos que la solución más económica y sencilla sería encontrar otro piso de tres habitaciones y un nuevo compañero o compañera.

El piso lo encontramos enseguida, uno pequeño y acogedor a tan solo diez minutos andando de la universidad. Era bastante antiguo y tenía algunos desperfectos, pero decidimos pasarlos por alto en favor del precio tan razonable que nos pedían. Ni Emily ni yo éramos especialmente exigentes, y si un par de desconchones en la encimera de la cocina servían para ahorrarnos algunos billetes no nos íbamos a negar.

La búsqueda de un nuevo compañero sí que fue algo más difícil. Pusimos carteles por las calles, anuncios en las redes sociales e incluso corrimos la voz por nuestras respectivas facultades. Cada vez que alguien llamaba al móvil de Emily o al mío, apuntábamos su nombre y su teléfono y ella se encargaba de investigarle. Era increíble lo que podía hacer sólo con un nombre; creo sinceramente que le habría ido mejor si hubiera estudiado para detective en lugar de Derecho. Una búsqueda rápida en las redes sociales de moda le daba toda la información que necesitaba saber. A una muchacha la descartaba porque fumaba, a otro porque tenía animales de compañía, de otro chico no le gustaba su ideología... Emily se permitió ser todo lo selectiva que pudo a la hora de elegir con quién quería convivir, y yo simplemente me dejé llevar. A mí me importaba más bien poco compartir piso con un chico, una chica o quien fuera. Me daban igual los animales o el estilo de música que escuchara el nuevo inquilino. Lo único que pedía era que no fumara, porque no soportaba el olor. Pero Emily tenía otros planes que incluían aprovechar al máximo la oportunidad de elegir.

No sé por qué escogió a Dorian, la verdad. Apenas pudo descubrir gran cosa sobre él en Internet, y me dijo que ese fue precisamente uno de los datos que más le gustaron: no publicaba su vida por ahí.

El caso es que, una vez fuimos tres, quedamos con la dueña del piso para firmar el contrato de alquiler y que nos diera las llaves.

Habíamos quedado en una pequeña cafetería, ubicada en el bajo del mismo edificio donde estaba la que sería nuestra nueva casa. Fui el primero en llegar, y les esperé mientras observaba la fachada de ladrillo e intentaba recordar cuál de las ventanas era la de nuestro salón.

La primera en llegar después de mí fue Emily, que se presentó acompañada de su novio. Se veía a la legua que había intentado parecer algo más seria y dar buena imagen ante nuestra casera. Después de un año conviviendo con ella, sabía que ni ese era su estilo de vestir habitual ni el pelo recogido por completo algo de su agrado. Llevaba una coleta alta, bastante repeinada, y el pelo rubio le caía completamente liso hasta debajo de los hombros. Se había puesto una camisa blanca con un estampado de pequeños aviones de papel en color azul marino, y una falda larga y vaporosa del mismo tono de azul. Me dio frío con sólo verla, ya que yo ya había empezado a usar sudaderas.

Su novio, Thomas, era un chico serio y callado que prefería escuchar a intervenir en las conversaciones y que no solía ir demasiado al piso, por lo que no teníamos demasiada relación. Sin embargo, me caía bien; siempre se había mostrado amable y educado cuando se había quedado en casa y recogía lo que ensuciaba.

Esperamos con paciencia ante la cafetería, sin querer entrar hasta que estuviéramos todos.

Dorian llegó poco después, y tengo que admitir que no me dio demasiada buena impresión. Parecía... como si estuviera enganchado a algo. Algo chungo.

R. E. M.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora