☣ Capítulo 8 ☣

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Seth Argall

Bien, nada había salido como yo esperaba. ¡Todo se había salido de control! Si bien yo había ido a la casa de la fierecilla para calmarla y evitar que hiciera una tontería con lo que nos escuchó hablar, jamás creí que el método para lograrlo sería ese. ¡La abracé, jugué con su cabello y hasta le canté una canción! Bien, definitivamente me había vuelto loco.

Luego de haber salido huyendo de su casa me interné en el bosque con la esperanza de encontrar a mis amigos, después de todo, ninguno tenía un celular para comunicarme fácilmente con ellos ya que era obvio que no lo necesitaban. Entre lobos se podían comunicar sin importar la distancia... ¿el problema? Yo no soy un lobo. No aún.

Caminé a la deriva al pendiente de escuchar un aullido o pisadas de un animal grande y fuerte, pero nada. Ni un sonido.

En ese momento mi cabeza comenzó a doler... genial, él está llamándome. Quizá había sido mi fuerte tensión, el latir rápido de mi corazón o la confusión por la que estaba pasando, no importaba el motivo, lo importante era que Anubis me estaba buscando.

Mis ojos se fueron cerrando. Traté de sentarme para no caer desmayado y que mi cara se golpeara con fuerza contra el suelo por lo que me recosté en el tronco de un árbol húmedo. Finalmente perdí la consciencia en mi cuerpo físico.

⚜ ⚜ ⚜

Abrí los ojos con cierto miedo de lo que pudiera pasar, esta era la primera vez que tenía una audiencia con Anubis en la que realmente temía por algo. Yo le estaba ocultando un secreto, uno muy grave. Mi silencio representaba traición y Anubis es alguien que no perdona.

Estaba en un cuarto oscuro apenas alumbrado por el brillo de unas pocas antorchas colgadas literalmente en la nada. No era muy grande, pero podía sentir la presencia del dios aquí. Este lugar es aquel por el que pasan las almas para ir a la otra vida y Anubis es el que determina quien continúa su camino en otro cuerpo y otra vida y quien desaparece por completo.

Anubis pude borrar el alma de aquel que considere indigno de volver a nacer, y si el alma de una persona desaparece, todo recuerdo de su existencia será borrado también.

–Te noto preocupado, ¿ha sucedido algo? –la voz penetrante me erizó por completo. Mi corazón volvió a acelerarse y tuve que concentrarme como nunca para no tartamudear al hablar.

–Problemas en la escuela, señor. –no estaba mintiendo, la fierecilla era de la escuela, ¿no? Era casi cómico que yo hablara de esto con el dios de la muerte, pero él me conocía desde que había nacido así que sentía que le hablaba a mi padre, un padre con el poder de matarme en segundos, pero mi padre, a fin de cuentas.

–Pronto terminará. Sabes que es necesario que tengas un poco de educación, después de todo, deberás irte en búsqueda de nuevos jóvenes que quieran aceptar mi fuerza. Para eso mis sacerdotes crearon aquella escuela, para que mis seguidores tuvieran un lugar en el cual podrían hacer crecer sus conocimientos. –tragué saliva. Bien, admito que había olvidado por unos momentos ese pequeño detalle.

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!