22. "Incertidumbre"

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Mis rodillas flaquean, mi corazón se detiene para reanudar su marcha a una velocidad antinatural, mis oídos pitan y mi respiración se atasca en mi garganta en el instante en el que las palabras escapan de sus labios.

"Esto no está pasando. Esto no está pasando. Esto no está pasando..."

No me muevo. No respiro. Ni siquiera estoy segura de estar consciente ahora mismo. Todo se siente tan extraño. Tan... irreal.

— ¿M-me recuerdas? —Mi voz es apenas un susurro audible. Es apenas un suspiro pronunciado sin aliento.

Traga duro, pero asiente.

Sus ojos, bañados en tonalidades blancuzcas, grisáceas y doradas, están fijos en los míos y sé, por el brillo aterrado que tienen, que no trata de tenderme una trampa. Al menos, eso quiero creer. Eso es lo que trato de creer con todas mis fuerzas.

—No recuerdo demasiado —dice, en tono ronco y profundo y, en ese momento, todas las esperanzas que había intentado tirar por la borda desde hace tanto tiempo, toman fuerza—. En realidad, no recuerdo casi nada. Sólo... Sólo imágenes inconexas. Sólo... flashes. Instantes de tu rostro —su mirada me recorre la cara a detalle, como si tratase de cerciorarse de que soy realmente la imagen en su cabeza es igual a mí. Como si tratase de recordar algo más... No me pasa desapercibido el hecho de que, durante su escrutinio, sus ojos se detienen más de lo debido en mis labios entreabiertos—, de tus manos —sus dedos, tímidos, torpes y temblorosos, se deslizan hacia arriba para llegar a mis palmas y trazan una caricia suave en ellas, como si tratase de recordar su tacto. Como si eso hiciese más real lo que sea que ha recordado—; de mí, sosteniéndote —el sonido ronco de su voz se quiebra un poco, como si el nerviosismo, la ansiedad, o lo que sea que está sintiendo ahora mismo, estuviesen causando estragos en él—. De mí, besándote...

Lágrimas nuevas se acumulan en mis ojos y trato, con todas mis fuerzas, de contener las ganas que tengo de ponerme a gritar.


¿Cómo?... —Digo, al tiempo que niego con la cabeza.

Lo que realmente quiero preguntar es: "¿Cómo es eso posible?", pero las palabras no son capaces de llegar a mi lengua. Ahora mismo, son sólo una maraña de pensamientos aterradores y maravillosos al mismo tiempo. Una marejada de sentimientos atascados en mi garganta.

—No lo sé... —susurra de vuelta y noto cómo un músculo salta en su mandíbula cuando cierra la boca para lamerse los labios. El gesto me parece tan humano. Tan simple, que le da una sensación de realidad a todo—. No lo sé, Bess. Lo único que sé, es que cierro los ojos y te veo —sus manos me abandonan lentamente y todo mi cuerpo protesta cuando lo hacen; sin embargo, en el instante en el que sus dedos acarician las hebras sueltas de cabello que me enmarcan la cara, mi corazón vuelve a rugir con furia contra mis costillas—. Tu cabello es diferente... —musita, mientras contempla los mechones cortos. Lo es. Es diferente a hace cuatro años—, tus ojos sin diferentes... —se acerca otro poco y, esta vez, soy capaz de sentir el escrutinio de su mirada sobre la mía—, pero que eres tú.

"No puedes confiar en él con tanta facilidad. No puedes creerle. No después de todo lo que ha pasado." Me reprime mi subconsciente y sé que tiene razón.

No debería estar aquí, tan cerca, sintiéndome tan confiada. No debería estar aquí, deshaciéndome ante la intensidad de su mirada. No cuando hace no mucho tiempo trató de asesinarme. No cuando ha venido desde el Inframundo a darme caza...

Mis ojos se cierran cuando siento cómo una de sus manos ahueca un lado de mi rostro.

El tacto es tan suave, cálido y delicado, que todo dentro de mí se ablanda y se deshace otro poco.

STIGMATADonde viven las historias. Descúbrelo ahora