Capítulo 47

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A mi madre


—¿Andrhos? ¿Puedo pasar?

El hombre abrió la puerta de la habitación al poco tiempo, he inclinó la cabeza para indicarle a Madison el camino.

—Tú no tienes por qué preguntar. Después de todo, es tu madre —, la morocha se mordió el labio y asintió, entrando al enorme cuarto en el que habían acomodado a Carolane tras el ataque.

Nadie esperaba que Aristus tuviera en su poder una flecha con la punta empapada en sangre, de otra especie; y mucho menos que esta supiera que la rubia no la portaba, entre la mezcla de su ser.

Desde que aquel liquido rojizo entró por las venas de la emperatriz, eso se convirtió en una carrera contra reloj para salvarla. El intruso se había convertido en un veneno en potencia, y la herida por donde había entrado pronto adquirió una tonalidad verdosa, con los bordes de un marrón brillante.

Por fortuna para ellos, Madison no tardó en salir de aquel velo negro. La chica ahora presumía dos líneas en tono azul turquesa sobre la mejilla; justo en el sitio donde Lady había llevado las suyas. De igual forma, sus uñas habían adoptado una tonalidad parecía a la de sus marcas, y un par de brazaletes colgaban de sus tobillos y brazos.

Sin meditar mucho la situación o su cambio, cuando la morocha recobró la conciencia se acercó a su madre y les indicó a los que habían llegado a la azotea que frenaran el avance de la sangre intrusa. Para ese momento, tanto Bithër como otros más ya estaban llegando a la parte alta de Elid.

La narendäe había sido atacada por Yuhëen en el asedio al pueblo de Rilda; el motivo: un mensaje que Lartër había mandado a la mujer y que tenía que ver con su gemela. Bi estaba planeando ir al sitio donde se supone, se encontraban Fata y los otros, cuando la guardiana se enteró de sus intenciones y la hirió de gravedad. Los demás suponían que la álfyr esperaba que muriera por sus heridas, pero esta no lo hizo y terminó alertando a todos de lo que podría ocurrir.

Aunque no lo hizo a tiempo.

El daño ya estaba hecho, y Madison ahora no podía ocultar eso en que se había convertido. Además, tanto Anna como las demás guerreras que Aristus había herido se encontraban malheridas. Lënn era la que peor se hallaba, y por lo que había escuchado la morocha, no sabían si la morfe se salvaría o si se uniría a la lista de guerreros que habían perdido la vida por el ataque a Elid. Entre ellos Shaina y varios de los guardias álfr del lugar.

La muchacha se acercó a la cama donde reposaba su progenitora y le tomo la mano

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La muchacha se acercó a la cama donde reposaba su progenitora y le tomo la mano. Su extremidad estaba helada.

—¿Aun no despierta?

El guerrero se cruzó de brazos y negó.

—La sangre se esparció con rapidez por su cuerpo, así que ahora, todo lo que podemos hacer es esperar a que su cuerpo de adapte a ella —, el sujeto bajo la mirada —, o que la rechace.

La muchacha lanzó un suspiro y volvió a posar su mirada sobre la mujer.

—Tienes que ponerte bien. Necesitamos de tu fuerza para salir de todo esto; sobre todo ahora que ya no tenemos a Yuhëen.

El castaño se alejó de las dos y apoyó una mano sobre la puerta.

—¿Puedes cuidarla? Necesito hablar con Jan y con los demás de la legión, sobre lo que se va a hacer con la guardia de Liabiric.

Tras un veloz asentimiento, la joven volvió a dedicarle toda su atención a la rubia en la cama y esperó a que el hombre se fuera. Cuando las dos por fin estuvieron solas, Madison enredó sus dedos sobre los de Carolane y pasó una mano sobre su frente.

—¿Mamá? —, el rostro de la fémina se mantuvo durmiente — Si puedes, necesito que me ayudes con esto... Yo... No quiero. Por más que Lënn me advirtió que no repudiara mi condición, no puedo vivir así —, la morocha hundió la cabeza en el hueco entre el brazo de la rubia y, siguió hablando —. Cada que intentó dormir veo el rostro de esa mujer, y sus ojos. Es como si me persiguieran... No quiero. Tengo miedo... No puedo vivir como Oidilian. Esperando a que ella vuelva a aparecer.

La muchacha esperaba que su madre pudiera escucharla, y aunque una parte quería oír algún consejo, sabía que tenía que conformarse con su presencia.

Eso hasta que la voz de Carolane se hizo escuchar en su cabeza.

"¿Madison?"

—¿Mamá?

"Mi niña... No... Nosotras no podemos... Renunciar a lo que somos."

—Tiene que haber alguna forma —, la joven apretó la mano de la rubia —. La que sea, estoy dispuesta a probarla.

"Nunca... He sabido de un Oidilian que haya... Nuestra condición es inalterable."

—Mamá —, Madison lanzó un suspiro y pasó una mano por los cabellos de Carolane —. Si hay una forma de entrar, entonces debe de haber una para poder dejarlo. ¿Qué no existe algo como la contraparte de la cajita esa?

"Madison... No lo sé."

La voz de la rubia se había estado haciendo más y más queda; para cuando pronunció esas palabras, Madison lo notó.

—¿Carolane? ¿Qué...?

"Escúchame y no me interrumpas... Necesito que vayas por Andrhos, pero antes te voy a dar un nombre. Ese sujeto podría ser a quien necesitas... Ryhn. Búscalo y explícale tu situación... Lo encontraras en Zeran. Muy cerca del rio Thondye... Pero antes de viajar a ese sitio, asegúrate de ir a TorreBlanca... La guardiana tiene algo...Ti."

—No se llegar a Zeran... Estamos hablando de otro continente, además, ni siquiera puedo desplazarme...

"Lo lograras... Percibo sangre morfe entre tu mezcla. Tienes la capacidad de cambiar de forma... Úsala sabiamente... ¡Ay!"

¡Mamá! —, la joven se levantó de su asiento y se acercó a la puerta —, ¡Voy por Andrhos! ¡No te preocupes! ¡Vas a estar bien!

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!